Iris siempre sueña en grande, es una apasionada de lo que hace, por eso ha recibido miles de reconocimientos no solo materiales, sino de cariño retribuido por sus alumnas que a diario le expresan su admiración y entrega que las hace transportar a un mundo de magia, fantasía, baile y arte.
En conversación con FACETAS, la también licenciada en administración de empresas, con post grado en Gerencia en Recursos Humanos aseguró que no piensa retirarse aún de la danza. Que se siente plena, preparada y actualizada en esta materia con la que cada día sorprende a quien con expectativas positivas asiste a sus obras dancísticas.
Ella dejó ver su lado humano y cómo ha roto el tabú en la región sobre el elegir ser bailarín o bailarina como profesión.
¿Existe aún tabú sobre ser bailarín o bailarina profesional?
Sigue vigente ese tabú, porque sigue la creencia de que hay que graduarse en carreras como abogados, médicos, entre otras profesiones. No me parece mal, pero el elegir la danza como carrera también es un área profesional de la que nunca dejas de formarte. Cada vez hay más técnicas y estilo que aprender.
¿Cómo diste el primer paso para llevar las riendas del Jazz Ballet Zulia?
Di ese paso, porque desde pequeña mi vida era la danza. Mi mamá me inscribió en 1979 en una escuela de ballet clásico en la que estuve 14 años y luego me dediqué a la danza moderna. Casualmente mi maestro en ese momento era Gonzalo Romero quien decide irse para París para seguir sus enseñanzas de danza. Un día él llegó y me dijo que me dejaría encargada de la academia y desde entonces llevo las riendas del Jazz Ballet Zulia. Creo que igual, sino hubiese sido por él, yo hubiera apostado por el Zulia, porque aquí nací.
¿Sentiste miedo? ¿Cómo asumiste esa responsabilidad?
Cuando tomé las riendas en la academia tenía solo 4 alumnas. El maestro Gonzalo me acompañó al primer día de clases y vio cómo me desempeñé. Él me dio mucha seguridad, observó cómo di la primera clase y al rato se retiró. Con eso me dio a entender que yo podía sola.
¿La inquietud del baile cómo la descubriste?
Mi madre decía cuando estaba pequeña que yo no era una niña normal. Que iba a las fiestas no a jugar, ni a tumbar la piñata, porque me ponía a llorar cuando lo hacían, sino que llegaba sola, me ponía en el centro del lugar donde había música y no paraba de bailar. De hecho, no me gustaba usar pantalones, sino usar vestidos que dieran mucha vuelta, que se abrieran y se movieran con el ritmo de la música.
¿Qué cualidades debe tener un maestro de danza?
Pasión, entrega, ganas, técnica y sobre todo responsabilidad para crear estilo y no copiarlos. La formación del maestro debe ser impecable. Un maestro de danza así como también pienso que uno nunca debe dejar de bailar porque es así como uno se reinventa.
¿Has considerado retirarte de la danza?
Hay quienes me critican porque ya llevo 38 años bailando pero yo me siento bien, a gusto con lo que hago. Me siento plenamente bailarina, no me voy a retirar, no tengo motivos para hacerlo. Cuando el cuerpo me lo pida lo haré. Pero mientras tanto, me siento, jovial, chévere como esas alumnas con las que bailo. Esto mi vida, nací bailando, nadie me puede quitar esto.
¿Cuál es el estilo que manejas?
Yo comencé como bailarina clásica, pero siempre tuve presente el jazz y baile contemporáneo. Pude incluir acrobacia desde el 2000 no como gimnasia, pero sí mucha acrobacia dentro de las coreografías del Jazz Ballet. Y ahora soy catalogada como una coreógrafa y bailarina de danza lírica.
¿Pueden copiarse los estilos en la danza?
Claro, ahora que existen las redes sociales es muy fácil que te copien por eso mis mejores coreografías no las tengo en Youtube. Nos pusimos de acuerdo varios directores de México porque lamentablemente hay muchas personas que se están copiando los estilos. Es increíble ver que hay pocos coreógrafos en el mundo, y, a pesar de ello no se preocupan por ser auténticos, sino en hacer más de lo mismo. Ahí es cuando me doy cuenta que no hay evolución. Eso no me llena, no me sorprenden esas cosas. Una vez me puedes engañar, pero luego no.
¿Cómo se podría definir el estilo de Iris Fuentes?
Es muy propio de mucha técnica, pero tiene algo especial, porque viene del alma y cuando las cosas vienen del alma, vienen puras y limpias. Es algo que va más allá de lo que las personas pueden ver visualmente, porque trato de que esa alma llegue el resto de las personas.
¿En qué se inspira para crear cada obra?
Me inspiro en mi propia vida, en los viajes, en las personas con las que converso. Hay gente muy interesante con la que puedo conversar horas. Sobre todo con las personas mayores que tienen mucha experiencia. Yo escucho todo eso, llevo sus vivencias a mi vida y de ahí nace cada historia, esas obras tan bonitas que han quedado a la gente bonita de mi Jazz Ballet Zulia. Mientras Dios me de inspiración e imaginación voy a seguir creando para el legado de gente que viene y la utilicen de la mejor manera. Quiero que queden en buenas manos.
¿En qué momento descansa Iris Fuentes?
(Risas) Estoy disponible a cualquier hora. A veces no duermo, porque cuando estoy en función o pendiente de una obra la mente comienza a andar. He tenido que ir a psicólogos, pero me dicen que es difícil porque soy artista y la mente está creando y atando cada historia. Puedo descansar, acostarme, dormir profundo no siempre. Pero es que siento que la vida es una y hay que vivirla. Trato de dormir lo menos posible y lo hago si el cuerpo me lo pide, pero tengo muchas motivaciones de levantarme a pesar de que vivo en una Venezuela con una crisis inmensa. Eso mismo es lo que me está ayudando a levantarme. Que tengo que aportar algo por Venezuela.
¿Te han llegado casos de niñas que no saben bailar y tiene que enseñarle desde cero?
Claro que sí, y no solo niñas pequeñas, sino también chicas que ya son grandes. Tengo un caso de una niña de 10 años que para mi ya es una niña grande y no sabía nada. En un año fue protagonista de mis obras y es ahora una de las primeras bailarinas que tengo en la academia.
Es increíble que también ahora están bailando conmigo personas adultas y eso es lo más bonito de todo este proceso, porque ahí es donde radica la función del verdadero maestros que enseña desde cero. Hay niñas que no tienen oído musical. El lograr esas metas o retos, es lo máximo para mí como maestra. También tengo niñas con discapacidad que las hago bailar.
Llego a clases con niñas que no ven y les enseño cómo moverse. Otro caso de unas niñas que no tenían una pierna y tenían cáncer. Yo logré que ellas bailaran en unas de mis obras. He tenido niñas autistas, sordomudas, con inmovilidad en sus brazos y bailan increíble. Cada vez que yo entraba a esas clases con esas niñas es que me doy cuenta de la enorme responsabilidad que tengo como maestra, porque nunca he tenido la enseñanza de alguien que me ha dicho cómo debo tratar a las niñas con discapacidad, para mí eso es obra de Dios.
¿Eso forma parte de las satisfacciones que te ha dado tu carrera?
Todo lo que he hecho es hermoso. Y a veces no me he dado cuenta. Con cada encuentro siento que ayudo a las niñas que llegan tímidas, con complejos personales y veo cómo superan cada situación que estén viviendo. Me he convertido en una psicóloga.
¿En qué está trabajando en estos momentos?
En una obra que me tiene muy contenta. Se llama Humain, la escribí en enero. Habla sobre colores de la vida y del humano. El ser humano se vuelva a reencontrar ese ser que es parte de todo. Sé que mucha gente le va a llegar este mensaje. Y la música está inspirada en la música de Venezuela y que mejor forma de lograrlo que con Huáscar Barradas quien eligió gran parte del repertorio. Será una obra muy especial que llevaremos al público este 24 de junio en el Teatro Baralt.
¿Qué aspectos de la vida de Iris Fuentes no se conocen?
Que soy licenciada en administración de empresas con postgrado en Gerencia de Recursos Humanos, cosa que agradezco enormemente a mi padre quien prácticamente me obligó a estudiar, porque siempre fui mala estudiante (risas). Pero gracias a eso he podido sacar adelante la academia. No tuviera mi casita rosa si no fuera por mis estudios universitarios. Buena combinación entre los estudios y el arte. Además, que el género que más me gusta bailar es la bachata (risas)…
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