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FOTOS y VIDEO Conoce a Täo Porchon-Lynch, la profesora de yoga de 98 años

Tao Porchon-Lynch tiene 98 años, tres prótesis de cadera y, tal y como muestra el marcador que preside su página web, 1.000 días de trabajo a sus espaldas. A su edad esta nonagenaria es la profesora de yoga, en activo, más veterana del planeta. ¿Y cómo logra esto? Ella misma lo aclara:

 

“Cuando me despierto por las mañanas me digo a mí misma: ‘Este va a ser el mejor día de tu vida. Todo lo que pones en tu mente se materializa, así que trata de no plasmar nada negativo”.

 

Su ascenso a la fama se produjo en 2012, cuando fue reconocida oficialmente como la profesora activa de yoga de más edad y cuando fue la modelo de una serie de fotografías sobre yoga del fotógrafo Robert Sturman.

 

Esas imágenes se hicieron viral en las redes sociales y desde entonces Porchon-Lynch se ha convertido en toda una celebridad.

 

Sin embargo, para ella lo más importante sigue ocurriendo en la intimidad de su estudio. «Tuve está experiencia con este chico que vino a una de mis clases en Baltimore y estaba con lágrimas en los ojos por el dolor que esteba sufriendo, que había ido a ver a muchos doctores y tomaba todo tipo de píldoras pero que nada le servía», contó.

«Pero cuando le enseñé un par de cosas, de ponerse de cabeza apoyado en la pared, dijo que por primera vez no se sentía enferma en mucho tiempo». Y aquello que predica también lo pone en práctica.

 

«He tenido tres artroplastia de cadera y los doctores me dijeron que no iba a poder hacer una serie de cosas», recordó. «Les demostré que lo podía hacer y lo sigo haciendo. Tal vez no de la misma manera que cuando era más joven, pero tomo una respiración profunda y hago que sea posible».

Nacida en India en 1918, Porchon-Lynh ha llevado una vida digna de ser llevada al cine. A los ochos años descubrió el yoga cuando vio a niños en la playa contorsionando sus cuerpos para lograr extrañas posturas.

 

“Fuí donde mi tía y le pregunté: ’¿ellos me dejarían hacerlo?’ Ella me respondió: ‘Eso no es un juego, es yoga, y no es para las niña’. Entonces fue cuando empecé a hacerlo”, contó.

 

Además de dedicar su vida a la práctica milenaria del yoga, Porchon-Lynch también participa en competencias de baile de salón junto a parejas que son más de 70 años menores que ella.

Vivió en Londres y formó parte de un grupo de bailarinas que entretenían a soldados durante la Segunda Guerra Mundial. Pasó tiempo junto a Mahatma Gandhi, Nöel Coward y el Dalai Lama y vivió en Hollywood, donde comenzó a enseñar yoga.

“Lo mejor que me ha podido pasar es ver a alguien a quien le estás enseñando decir que no puede hacer esto o no puede hacer aquello. Y de repente comienza a aparecer una sonrisa en su rostro y darse cuenta que sí lo pueden hacer. Esa es la mayor satisfacción que he tenido”.

En 1963 se casó con un vendedor de seguros, Bill Lynch, con quien compartió su pasión por el vino hasta el punto que ambos fundaron la Sociedad Estadounidense de Vino.

Tras la muerte de Lynch en un accidente de motocicleta en 1982, ella volcó su vida al yoga.»Cuando estás en contacto con tu interior estás en contacto con tu aliento de vida, no puedes evitarlo. Lo primero que se tiene que aprender es a respirar y moverte con tu respiración. Tiene que venir de tu cuerpo”, explicó.

Porchon-Lynch contó que además del vino también tienen una debilidad por el té, aunque que nunca bebé agua.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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