El gimnasio es un lugar de socialización en el que la gran mayoría de los que asisten a entrenar suelen tener un grupo de amistades que diferenciamos como “las del gimnasio” frente al resto de amigos que tenemos en otros ámbitos de la vida. Es cierto que entrenar conociendo gente es mucho más llevadero y fácil, el problema es cuando nos topamos con alguien que utiliza el gimnasio como lugar de relaciones y solo acude a entrenar por este motivo: hacerse fotos, selfies o simplemente chatear con la idea de mostrar que está “entrenando”.
Estas personas dejan de lado el ejercicio físico y el trabajo corporal para centrarse en las relaciones sociales. Pero ese no es el problema, lo problemático de este tipo de personas es que pueden acabar por distraer de sus obligaciones al resto y hacer que los entrenamientos no sean lo efectivos que deberían.
“Este tipo de personas asisten al gimnasio de paseo. Llegan con el teléfono en la mano, chateando, haciéndose fotos o simplemente conversando con otras. El problema de esto es que cada vez que pierden tiempo con el teléfono, el cuerpo se enfría, pierden la aceleración metábolica y por ende no ven los resultados que ellos quieren, porque su rutina se ve siempre interrumpida por la distracción”, señala el personal trainer del Vereda Wellness Center, Christian Zabala.
Estas personas casi nunca llevan una rutina establecida de entrenamiento, ya que lo que hacen al ganarse la confianza del resto a quienes piden les hagan fotos mientras “ejecutan” la rutina de ejercicios.
