Para que haya una erección en el hombre es necesario algún estimulo que active algunos de nuestros órganos de los sentidos, interviniendo todos en mayor o menor medida y variando en función de aspectos culturales; por ejemplo, mientras la mayoría de los hombres occidentales se activan con la visualización de unas mamas firmes, los Azande de Sudan y los Ganda de Uganda, las prefieren colgantes (Beach y Ford, 1969).
En el hombre las señales visuales suelen iniciar la activación sexual. En este sentido, se ha demostrado que el varón se centra fundamentalmente en la observación de genitales femeninos, pechos y nalgas; sin embargo, las mujeres, fijan la mirada preferentemente en unas nalgas firmes, vientre liso o las expresiones de los ojos.
Es presumible que esto forme parte de la herencia filogenética; entre los simios, el contacto sexual solo es posible si tras mirar el macho a la hembra, esta le devuelve la mirada.
Atendiendo a elaboraciones explícitamente sexuales, el hombre se excita mas ante la visualización de dos mujeres practicando el sexo, seguido de una relación grupal y en tercer lugar una relación de pareja (Rubinsky, Eckerman, 1987).
