La ignorancia puede ser el principal enemigo de una sexualidad plena. El hombre suele desconocer muchas cosas del placer femenino y la mujer suele desconocer muchas cosas del placer masculino. La mayoría de los hombres acarician a la mujer como les gustaría que los acariciaran a ellos, es decir, como a un hombre. Piensan en el placer femenino tomando como referencia su propio placer. Este desfase se hace evidente cuando se interroga a hombres y mujeres por separado sobre las zonas erógenas femeninas.
Mientras que las mujeres enumeran doce zonas que les gustaría que les estimularan durante el acto sexual, los hombres tan solo conocen cuatro de ellas. De ahí la importancia del dialogo en pareja.
Por lo tanto, si tú también eres de los que solo conoce cuatro zonas erógenas femeninas, ha llegado la hora de que salgas de tu ignorancia: los pechos, el lóbulo de la oreja, la boca, las axilas, el ombligo, las nalgas, el clítoris, la parte baja de la espalda, la vagina, el interior de los muslos, la parte de atrás de las rodillas (hueco poplíteo) y los pies.
Este desconocimiento del cuerpo del otro es igualmente patente en el caso de las mujeres. Este hecho conduce a menudo a una falta de armonía. La mejor manera de remediar esta situación es comunicando a nuestra pareja lo que experimentamos y lo que nos gusta. Pero no siempre es cosa fácil. A menudo, no conocemos bien el cuerpo del otro y el mecanismo de su placer.
