La danza egipcia consiste en esto: posturas muy particulares que desafían la resistencia. En figuras ondulantes de golpe y vibración, una técnica sutil y delicada de movimientos pélvicos; en fin, una práctica que permite independizar zonas bloqueadas del cuerpo con respecto a aquellas que no tienen conciencia.
Cada paso o postura de la ceremonia tiene un significado dentro de la cultura oriental. El agua se representa por los brazos y las manos. Semeja una cascada que riega la tierra la coordinando del cuello, los hombros, además de la gracia que inunda el cuello y el pecho. El aire tiene que ver con los brazos ordenados hacia el pecho y el tronco ondulante imita el vuelo de un pájaro.
«La danza egipcia está concebida como un instrumento para la armonía y el conocimiento del cuerpo, a través de la música y la espiritualidad», señala la especialista en este arte Mariana Bello quien acontinuación reveló a FACETAS, los beneficios que trae consigo esta danza:
Actúa sobre los centros de energía, eliminando bloqueos, tensiones y problemas de comunicación entre dichos centros, armonizando y dejando fluir esas energías para asimilarlas y luego renovarlas.
“Libera emociones reprimidas y tensiones acumuladas por la rutina. La concentración que requiere la coreografías hace que la mujer se desentienda de los problemas, para luego retomarlos con una óptica más positiva”, precisa Bello.
Explica que este proceso conduce a un aumento de la autoestima, de la comprensión, la aceptación, la valoración del propio cuerpo y del ser. Es una celebración de la vida, fomentando la creatividad y la expresión de la personalidad. Estimula la memoria, la concentración, la capacidad de responder físicamente a estímulos y órdenes dadas por el cerebro, permitiendo un mayor control sobre las acciones, movimientos, coordinación motora e impulsos.
“Cada mujer —señala la bailarina— descubre que se trata de una danza que le brinda especial respeto, descubriendo su fortaleza, además de la belleza y el coraje para afirmarse como el ser privilegiado que es. Le brinda desarrollo de la sensibilidad, del ritmo y los reflejos”.
Nuevamente, Bello se deja seducir por la música. La interpreta. Expresa su creatividad y exterioriza sus emociones. Entra en trance. Gira. Mueve la cabeza y el cabello. Alza su velo. Luego, ilumina el baile con algunas velas. Mientras el movimiento ilumina su cuerpo.
En cuanto a la indumentaria, ésta varía entre una bailarina popular y una profesional. La primera no muestra nada de su cuerpo, mientras que la segunda es un poco más libre, aún así esta restringida a enseñar el ombligo.
El atuendo básico de una bailarina suele componerse de falda o pantalón ancho junto a vistosos y atrevidos corpiños. Una pieza esencial de la cultura oriental son los adornos en la cintura marcando la figura femenina, a la vez que pronuncia los movimientos.
Algunas danzarinas usan ciertos tipos de instrumentos rítmicos como acompañamiento único a su danza. También se utilizan otros objetos, tal como: serpientes, espadas, velos y velas. Estos objetos tienen funciones mágicas y protectoras. Las serpientes se relacionan con los cultos antiguos misteriosos. Es un símbolo complejo que representó los principios masculinos y femeninos, y también la inmortalidad en forma de la serpiente comiendo su propia cola.
Las monedas que se agregan al traje, en forma de caderín, aluden a los premios que realizaban los hombres con monedas de oro y joyas a las bailarinas que lograran destacarse del resto por sus habilidades o encantos.
La tradición establece que quien reuniera mayor cantidad de monedas era la mejor de la escena.