Son numerosos los casos policiales en los que el análisis de una firma puede ayudar a solucionar un delito. En los cuerpos de investigaciones existen especialistas que se dedican a construir la personalidad de un asesino o de un delincuente tan solo con descifrar la escritura.
Este estudio que se dedica a averiguar, por medio de las particularidades de la letra, algunas de las características psicológicas de quien escribe, es conocido como grafología. Un arte que se basa en el principio de que ciertos movimientos físicos corresponden a diferentes disposiciones del espíritu.
“El éxito de la grafología reposa en la convicción de que la escritura es un proceso directo de nuestra fisiología y de nuestra psicología y, en definitiva, de nuestra personalidad”.
De esta manera lo define Ramón Orta, quien desde Maracaibo recibe un curso sobre grafología emocional por internet. Sobre el área que maneja precisa que “una escritura desordenada puede revelar al individuo vulgar; una escritura armónica, al ponderado, equilibrado; una abundante en trazos superfluos, al individuo superficial; la desigual, al precipitado o inconstante”.
El objeto de la grafología emocional, bien lo explica Alejandro Guerrero, peruano especialista del Centro de Formación Psicológicas: “tiene como finalidad detectar en la escritura indicadores de conflicto, niveles de emocionalidad y estados anímicos especiales”.
Guerrero amplia la información cuando expone que la grafología emocional es una herramienta que permite evaluar: el estado psicológico general de la persona, si tiene confusión o claridad de ideas, cómo canaliza sus energías, la presencia o ausencia de conflictos.
Haciendo una distinción, el psicografólogo Sergio Bravo expone que el análisis de la firma acompañado de la rúbrica es el estudio del núcleo más íntimo de la personalidad de un sujeto. “Por rúbrica —explica— se entiende al añadido o adorno que se hace a la escritura de la firma. Constituye un signo de expresividad”.
