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Descubre cómo hacer yoga mientras surfeas

Son las 9:00 am y las tablas están amarradas una al lado de las otras en una línea con unos ganchos en playa Malmok, en Aruba. Somos 10, todos debutantes y turistas. En común solo existe esa inquietud por conocer si lo que se hace en la clásica alfombrilla sale también en el agua.

Antes de sumergirnos en la práctica, la instructora realiza una serie de indicaciones básica. “No hay nada qué temer, no llegan tiburones”, bromea.

Y para tranquilidad de algunos deja claro que no hay mayor riesgo. La tabla está diseñada para realizar las asanas, no es la convencional que usan los surfistas. Advierte que el equilibrio se pondrá a prueba, se lo pierdes caes al agua y  debes volver a subirte. “La concentración será tu mayor arma para completar la clase y disfrutarla plenamente”. Se pagan 50 dólares y entramos a la playa.

 

Durante una hora experimentaremos la relajación del yoga con el dinamismo del surf. Todos nos sentamos en meditación en el centro de la tabla. La clase tiene la misma estructura: ejercicios de respiración, estiramientos y asanas que ponen a prueba el equilibrio, la resistencia y la concentración. No hay acrobacias en la primera clase. Sin embargo, cuando se termina la sesión te invitan a tomarte fotografías en otra tabla que disponen a unos metros de la orilla.

 

En 60 minutos descubres que el agua permanece tan sólido como el piso. Solo debes hacer las pases con la tabla y sacarte de la mente que te vas a caer. Y la posibilidad de que suceda se convierte en un divertido reto. Estarás más motivado y concentrado toda la clase.

Amerita mucha concentración para estar atentos de usar correctamente el grupo muscular del centro del cuerpo (Core):abdominales, espalda y glúteos.

Hay tiempo, incluso, para corregir la postura si de verdad ya has dominado tu tabla de SUP. En esta actividad, sin duda, se refuerza el equilibrio y le exige al cuerpo más control.

El control corporal, la precisión y la fluidez de los movimientos sobre el agua es bastante más complicada que sobre una colchoneta, sin embargo que se convierte en una práctica muy retadora.

Hay que destacar que la sensación de flotar ayuda a desconectar y enfocarte solo en tu respiración. Además, la profesora orienta la inhalación y la exhalación de manera profunda siguiendo el sonido del océano. Es realmente una aventura, sobre todo si no  conoces las nociones básicas de SUP. Pero no es un freno para que desistas de la idea. Lo más importante es la disposición. Del grupo que asistimos a la sesión se cayó y permaneció atento a cada una de las indicaciones, unos con menos flexibilidad o estética en las asanas, pero el trabajo lo lograron. Mucha paciencia y enfoque.

 

Terminamos con meditación sentados y luego acostados boca arriba sobre la tabla en savasana.  Imagina el cálido sol calentando tu cuerpo, el aroma salado del mar y las puntas de tus dedos acariciando el agua mientras flotas sobre tu tabla. Un espectáculo.

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