El matrimonio es un arte. El arte del respeto, la comunicación, la paciencia, la generosidad y el amor bien entendido. La intimidad es muy importante, desde luego, pero si los anteriores no existen, llegar a la cama no tiene el mismo sabor de unión y goce.
En la relación de pareja, lo importante es que a pesar de las diferencias y malos momentos, nunca se pierda el respeto mutuo.
Respetar al otro es el resultado de muchos valores puestos en juego en el día a día, sin permitir que se instale la rutina o la costumbre en el trato aunque pasen los meses y los años, aunque cambien algunas circunstancias. Algunos consejos para mantener el amor y el respeto en la pareja son:
-Buena educación, que incluye: limpieza e higiene, orden, puntualidad.
-Cortesía, atención y sonrisa afable y habitual.
-Comunicación frecuente y adecuada incluyendo la comunicación no verbal espontánea sin máscaras ni escudos.
-Una comunicación verbal continua y eficaz: dejar que el otro hable sin interrumpirlo -es importante dejar que se exprese sin interrupciones- y escuchar de verdad y con interés todo lo que dice, transmitiéndole la otra opinión o discrepando con ella o él cuando haya terminado de hablar
-Compromiso a la palabra dada.
El respeto excluye las groserías, el lenguaje soez, los insultos o descalificaciones, los portazos y la humillación. Todo lo anterior debilita la autoestima.
Del cultivo del respeto en el matrimonio se deriva una serie de actitudes que enriquecen la personalidad y se hace extensivo en nuestro entorno familiar y laboral.
Aceptar al otro tal y como es, sin intentar cambiar ninguna característica de su personalidad, asumiendo tanto sus cualidades como carencias o defectos es mostrar interés por su vida, por su trabajo, familia, proyectos o estado de ánimo.
Cuando el respeto reina en un ambiente cordial y amable, aceita las dificultades, ayuda a superarlas y situarlas en su verdadera dimensión.