Lo importante no es la cantidad de tiempo que le dedicas a tu hijo, si no la calidad de éste. Es por eso que cuando estés con tu pequeño, debe sentir que le prestas toda tu atención y no una atención dividida.
Como madre debes ser organizada, delegar y sobretodo y más importante, renunciar a ser una madre perfecta. ¿Cómo? Compra una vez a la semana, pide ayuda a un familiar para que te eche una mano en casa si te ves desbordada, delega faena en otras personas, no te obsesiones con la limpieza y sí en pasar más tiempo con tus pequeños. El tiempo que les dediques a tus hijos será mucho más valioso que tener la casa impecable.
Si tu hijo nota que la atención que le prestas es incompleta podrá caer en repercusiones como carencias emocionales en la adolescencia e incluso en la vida adulta. Tu hijo debe sentirse querido y como un ser importante para que pueda desarrollar su autoestima correctamente.
Debes premiar todos sus esfuerzos y valorar sus avances por pequeños que sean, así sentirá que la dedicación que hace tiene su recompensa, que es tu elogio (el mejor premio de todos)
Sé flexible y disfruta de jugar con él a lo que le guste… no protestes ni domines la situación, simplemente disfruta tirándote por el suelo o comiendo con las manos… ser de nuevo un niño con tu hijo es uno de los mejores placeres de la vida, así que disfrútalo y además estarás potenciando su autoestima.
Involucra a tus hijos en tus actividades
En lugar de hacer unas compras rápidas en coche, aprovecha la oportunidad para invitar a tu hijo a ir de compras caminando y charlando en el camino. Esos momentos cotidianos de intercambio y comunicación profundizan la calidad del vínculo con los hijos.
Si tu caso es que tienes varios hijos es buena idea planificar citas individuales con cada uno de ellos, al menos una vez por mes. Puedes llevarlos al cine, a tomar un helado o que ellos elijan la salida. El tiempo exclusivo de a uno es muy beneficioso para el vínculo, sobre todo a medida que crecen y se acercan a la adolescencia.
Elige un libro de capítulos y establece un ritmo diario o semanal de lectura en voz alta. Este es un hábito familiar lindo que si logras sostener se transformará en uno de los más hermosos recuerdos de infancia de tus hijos y solidificará la unión familiar.
Esforzarse por sentarse juntos a la mesa y sin artefactos electrónicos es un desafío que vale la pena. Todos tenemos que sentarnos a comer varias veces al día: asegurar que al menos una de las comidas diarias sea compartida, a la mesa, charlando y compartiendo tiempo de calidad con los hijos es muy importante.
¿Tus hijos tienen un hobby favorito? ¿Algún videojuego que les apasiona? ¿Una música o un tipo de juego en el que ocupan mucho tiempo? Sé parte de su mundo: pregunta, comparte con ellos, siéntate a que te cuenten y juega con ellos. Ser parte activa de los gustos de los hijos nos asegura que el tiempo que pasemos compartiendo sus pasiones sea valioso y de calidad.
Por último: tómate los minutos antes de ir a la cama para sentarte a su lado y charlar con tus hijos de cómo fue su día. Asegurarnos un tiempo de calidad diario e íntimo con los hijos en el que poder charlar hará toda la diferencia del mundo en el vínculo.
