Durante una clase de ballet en la academia Grazyna Yeropunov, la niña de 10 años, Vanessa Rubio, caracterizada por su disciplina y constancia, fue solicitada en la dirección de este estudio de danza clásica. Con nervios y pensando en cómo había sido su actitud en los últimos días la pequeña entró en la oficina de la directora Vanessa Yeropunov para escuchar lo que ella tenía que decirle: “Ya no bailarás con tus compañeras… desde ahora estarás en la compañía del Ballet de Cámara del Zulia”.
Hoy con 31 años de edad y 24 en el mundo del ballet, Rubio es primera bailarina del Ballet de Cámara del Zulia y cuenta con un recorrido dancístico que inició con importantes experiencias que desde muy pequeña marcaron su vida; ella misma asegura: “Desde mi primera clase me enamoré del ballet y supe que eso era a lo que me quería dedicar”.

Tres meses después de aquella conversación, la bailarina más pequeña de la compañía presentó su primer solo en el Centro de Arte Lía Bermúdez con la pieza clásica Don Quijote. “Yo estaba muy nerviosa. Era una niña, apenas iba ingresando a la compañía y ya tenía la responsabilidad de un solo”, señaló la bailarina.
El temblor incontrolable de sus piernas, producto de los nervios, fue opacado por los movimientos del baile en el escenario. Al finalizar, después de un rápido saludo y reverencia al público, la niña escapó hacia bastidores antes de que el susto retomara el control de su cuerpo.
“Salí del escenario y empecé a llorar. No entendía lo que estaba pasando, el público no dejaba de aplaudir y pedía que regresara al escenario”, relató.
Después de su debut y presentaciones de la misma pieza en los diferentes teatros de Maracaibo, Vanessa alcanzó un éxito tras otro en el ballet.
Con tan solo 18 años obtuvo un logro único en la historia del Ballet de Cámara del Zulia, fue la mujer más joven de la compañía en convertirse en primera bailarina. Además encarnó papeles protagónicos de obras clásicas y se desempeñó en la enseñanza desde la adolescencia.
Su trabajo no solo ha estado fijado en éxitos personales, sino en hacer crecer el ballet en la ciudad y resto del país; de manera que ha creado proyectos orientados a cumplir este objetivo.

“Siempre tuve el sueño de tener mi propia academia, porque es la forma en cómo mi trabajo puede perdurar en el tiempo. Pensé: ‘Recibí enseñanzas valiosas de diferentes profesores y no puedo quedarme con todo esto’, entonces tuve la necesidad de compartirlo y por eso, hace tres años, logré crear Le Studio De Bellet”, aseguró.
“La satisfacción de enseñar es mucho mayor que la de bailar, porque puedes ver cómo pasas tus conocimientos a otras generaciones”, expresó la también maestra de ballet.
Además de su estudio de ballet, Vanessa creó en 2016 el proyecto Sentir Coreográfico debido a la necesidad de fortalecer el movimiento dancístico en el Zulia y con el propósito de intercambiar conocimientos entre las diferentes academias con distintos géneros, además de proyectar la cultura de la danza.
“La idea es que el público conozca que se está haciendo danza, que se hace un buen trabajo y hay talento”, explicó Rubio, quien también aseguró que la cultura debe proyectarse porque es la base de la sociedad.
El intercambio de clases, la mezcla de géneros y el aumento de la cantidad de presentaciones han sido algunos de los beneficios que ha traído Sentir Coreográfico al movimiento de danza en el estado, al respecto su fundadora y directora creativa indica: “Todos me dicen que he hecho mucho, pero al mismo tiempo siento que no he hecho nada y que me faltan muchas cosas por hacer”.
Pieza No quiero… sí, bajo la coreografía y participación del bailarín de Danzaluz Ívol Timaure junto a Vanessa Rubio, en el marco del proyecto Sentir Coreográfico. 
Actualmente esta emprendedora se encuentra a la espera del estreno del documental The Ballerina, que contará su historia y mostrará el día a día de su vida.
Esta profesional de la danza espera proyectar internacionalmente la labor que se ha logrado en el Zulia, “la idea es continuar en el país; sí tengo el propósito de dar a conocer el trabajo en otros países, pero mi casa y formación siempre van a estar aquí”.
