Este perfil de Luis Posada Carriles fue publicado originalmente el 7 de agosto de 2013, escrito por Sabrina Machado. Lo compartimos a propósito de la muerte de Carriles este 23 de mayo.
El nombre de Luis Posada Carriles se ha mantenido en el subconsciente venezolano durante las últimas cuatro décadas, desde que se conoció su participación en la voladura del vuelo 445 de Cubana de Aviación, hecho ocurrido en 1976, en el que perdieron la vida 73 personas.Ahora su nombre vuelve a resaltar, vinculado en esta oportunidad con los supuestos planes de magnicidio en contra del presidente Nicolás Maduro, denunciados por el ministro de Interior y Justicia, Miguel Rodríguez Torres. De acuerdo con las investigaciones están involucrados los expresidentes colombiano Álvaro Uribe Vélez y hondureño Roberto Michelett.
“La cabeza que hasta ahora conocemos de este plan es Posada Carriles, quien —a pesar de estar mal de salud— tiene sus cuadros formados en el terrorismo”, afirmó a PANORAMA el ministro Rodríguez Torres, quien indicó que junto con el ciudadano cubano venezolano se encuentra Alfredo Coronil Hartmann en el “nivel intelectual de la conspiración”.
Este ciudadano cubano, nacionalizado venezolano, nació en Cienfuego, el 15 de febrero de 1928. Dos años después de la caída del gobierno de Fulgencio Batista logró salir de Cuba, con 33 años, a través de la embajada de Argentina, donde ingresó como asilado.
Su salida definitiva de la isla se produjo el 25 de febrero de 1961, para participar activamente en distintos planes dirigidos a derrocar al gobierno de Fidel Castro, acciones que le costaron la vida a varias personas, entre ellas un joven turista italiano, Fabio di Celmo, quien falleció en 1997 como consecuencia de un atentado a un restaurante en la ciudad de La Habana.
Posada Carriles está vinculado con varias operaciones, financiadas y monitoreadas algunas de ellas por los propios gobiernos de los Estados Unidos. Tales como operación Mangosta, la operación Gladio, Irán Contras, Plan Cóndor. El hombre que suma 85 años de edad fue agente activo de la CIA a lo largo de 16 años, desde 1960 hasta 1976.
El reconocido terrorista “vivió un año en Panamá, pero se radicó en Miami, donde una invasión tramada por el Pentágono lo cautivó hasta alistarse en la ya célebre brigada 2506. (…) mientras aguardaba el turno de la heroicidad que en cambio se convertiría en el charco frustrante de Bahía de Cochinos… De regreso fue uno de los 200 veteranos que se incorporaron al ejército y al servicio secreto estadounidense”, tal cual lo plasma el propio Posada en su libro autobiográfico Los caminos del guerrero, publicado en 1994.
Pocos años después de su salida de Cuba se residenció en Venezuela, durante el gobierno de Raúl Leoni. Bajo el seudónimo de “Bambi” fue conocido en las filas de la extinta Dirección General Sectorial de los Servicios de Inteligencia y Prevención, donde llegó a ocupar el cargo de jefe de operaciones.
“Posada Carriles actuaba igual como lobo solitario que en grupo, y esta doble cualidad le valió un ascenso rápido que tuvo su momento protagónico bajo el gobierno de Rafael Caldera. Experto en explosivos, podía construir una bomba con el mínimo indispensable en cuestión de minutos. Sabía por igual interceptar o bloquear líneas telefónicas; abrir o cerrar una caja fuerte o una cerradura y no dudaba en sacrificar la capacidad técnica de un hombre frente a las nuevas tecnologías. Modestos aportes a un currículum vitae donde resaltaban sus atributos para formar una red muy amplia de contactos de información en fuentes oficiales o no, dentro y fuera del país”, destaca en su obra autobiográfica.
Dentro de las filas de la policía política venezolana también fue conocido como el “comisario Basilio”, y entre sus acciones se encuentra la tortura de dos hermanas: Brenda y Marlene Esquivel, quienes interpusieron formalmente su denuncia en el año 2011 ante las autoridades competentes, tras reiterar la solicitud de extradición que todavía no encuentra respuestas.
Las dos mujeres conocieron al jefe de operaciones de la Disip en 1972. Las hermanas se encontraban en una casa de La Victoria, estado Aragua, vivienda que fue allanada el tres de junio de 1972. Los funcionarios de la policía política investigaban en ese momento el secuestro de un industrial y buscaban evidencias al respecto.
“Posada Carriles dirigió el operativo donde vivíamos mi hermana y yo en 1972, junto con nuestros compañeros. Llegó con todos los cuerpos policiales existentes en el país: PTJ, Disip, Guardia Nacional, el Ejército y la policía uniformada. Y mataron a cuatro camaradas que estaban allí. Fuimos hechas prisioneras y víctimas de terribles torturas psicológicas y físicas. Yo tenía ocho meses de embarazo. Me amenazaban de muerte y me mataron a patadas el hijo que llevaba en el vientre”, contó Brenda Esquivel en el año 2011.
Años después participaría en uno de los hechos terroristas más lamentables de la historia americana, la voladura del avión de Cubana de Aviación. Entre las víctimas de este atentado se encontraban 24 jóvenes integrantes del equipo nacional juvenil de esgrima cubana, quienes regresaban a La Habana, luego de resultar victoriosos en las competencias del Campeonato Centroamericano y del Caribe, realizado ese año.
La aeronave explotó frente a las costas de Barbados, a pocos minutos de haber despegado. Dos explosivos fueron colocados en el interior del avión. De acuerdo con las investigaciones los responsables fueron Orlando Bosch y Luis Posada Carriles, como autores intelectuales, y Fredy Lugo y Hernán Ricardo Lozano, como materiales.
De las cuatro personas solo Lugo y Lozano fueron condenados a 20 años de prisión. Bosch fue liberado por supuestos tecnicismos y Posada se escapó un día antes de conocerse la sentencia de la Penitenciaría General de Venezuela.
Este suceso quedó registrado en el libro Pusimos la bomba ¿y qué?, de la periodista venezolana Alicia Herrera, donde se recogió los testimonios de los cuatro implicados en la voladura. La obra fue publicada en 1981.
“Tú no te puedes imaginar cómo nos ha perjudicado ese desgraciado … yo no sé qué se puede hacer para mandarlo a callar. Figúrate que el muy sinvergüenza ha gritado en el patio de ejercicios que sí, que fuimos nosotros —se refiere a Orlando Bosch, Luis Posada Carriles, Fredy Lugo y Hernán Ricardo Lozano— los que tumbamos el avión. Bueno Bosch y yo lo que hicimos fue mirar para otro lado cuando el loco Hernán gritó delante de unos soldados y un oficial: ‘¡Nosotros pusimos la bomba, ¿y qué?’. De que fuimos nosotros es verdad, o sea, Hernán no está diciendo ninguna mentira!”.
En la publicación, la comunicadora evidenció las comodidades y lujos que disfrutaban los implicados en este acto terrorista, además de las importantes personalidades que frecuentaban al grupo en el interior del centro penitenciario.
En la actualidad, Posada se encuentra con total tranquilidad en los Estados Unidos, a pesar que sobre sí pesan sendas solicitudes de extradición por parte de los gobiernos de Venezuela y Cuba, por su participación en hechos terroristas orientados a derrocar a Fidel Castro.
Las autoridades venezolanas han insistido —en forma recurrente— en el cumplimiento de los tratados internacionales que la nación mantiene con los Estados Unidos, exigiendo el derecho a la extradición del ciudadano cubano venezolano, para que sea investigado por los hechos que se le acusan.
“La justicia venezolana seguirá insistiendo en que sea trasladado y enjuiciado por su presunta autoría intelectual en la explosión de un avión de Cubana de Aviación, en Barbados… Coincidimos en la necesidad de invocar y ejecutar los acuerdos internacionales que esclarecen cada día más, luego del estudio que hemos hecho de los orígenes históricos de este caso… Y exigirlo con más fuerza sobre la base de estos convenios que deben ser respetados por todos los países”, afirmó la expresidenta del Tribunal Supremo de Justicia, magistrada Luisa Estella Morales, en una rueda de prensa el año pasado.
Por su parte, la fiscal general de la República desde que asumió la representación del Ministerio Público ha declarado en reiteradas oportunidades su rechazo al incumplimiento de los tratados internacionales por parte de los Estados Unidos, con lo cual “pretenden garantizar la impunidad”, tal cual afirmó en el año 2010.
Entre las revelaciones que realizada Posada Carriles en su obra —donde no esconde sus actividades irregulares— está que cuenta por lo menos con cuatro pasaportes, todos con nombres distintos y nacionalidades diferentes, incluidos el venezolano, salvadoreño, guatemalteco y norteamericano, nación a la que insinúa puede ir cuando quiere, aunque misteriosamente. Según informes estadounidenses, Posada Carriles viajó a ese país en 1999.
En la década de 1990, Luis Posada Carriles mantuvo frecuentes contactos con Gaspar Jiménez Escobedo conocido por “Gasparito” y otros terroristas, con quienes trató de organizar varios atentados contra el expresidente cubano Fidel Castro y apoyó a varias organizaciones de Miami en la adquisición de armas en Centroamérica para la ejecución de acciones violentas contra Cuba.
En el año 2000 ingresó a Panamá, específicamente el cinco de noviembre, con un comando integrado por otros tres terroristas. Llevó el firme propósito de asesinar al líder de la revolución cubana, quien estaría presente en la X Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y Gobierno. Sin embargo, el complot fue descubierto por la inteligencia cubana, quien alertó a las autoridades panameñas, quienes detuvieron a las cuatro personas.
En esa ocasión, la presidenta Mireya Moscoso concedió un indulto pocos días antes de entregar su cargo, lo que permitió a Posada ingresar nuevamente a los Estados Unidos, de forma irregular en el 2005. Tal acción conllevó que se abriera un juicio en su contra.
La jueza Kathleen Cardone concedió al terrorista el arresto domiciliario en la residencia de su esposa en Florida, lo que generó fuertes críticas por parte de ciertos sectores de Estados Unidos y del gobierno venezolano, que no desmaya en su intención de enjuiciar al polémico activista político.
Durante el juicio seguido en los Estados Unidos no se hizo mención alguna al atentado al avión cubano ni a las solicitudes de extradición que pesan en su contra. Pareciera que el responsable directo de la muerte de 73 personas morirá tranquilamente en suelo norteamericano, al igual que su cómplice Orlando Bosch, quien falleció en su residencia el 27 de abril de 2011, sin que la justicia nunca lo alcanzara.