A simple vista es una casa familiar, nada sobresale de lo habitual. Paredes altas, amuralladas, sin alguna posibilidad de que se pueda ver el interior de la residencia. Un timbre que no deja de sonar, en las noches marabinas, y que se escucha aún más los fines de semana.
En los alrededores de la quinta hay panaderías, centros comerciales, colegios y hasta un comando de la policía, en el corazón de la urbanización La Trinidad está erigido uno de los casinos clandestinos más grandes y concurridos de la capital zuliana.
La fachada de un hogar es el camuflaje “perfecto” para uno de los centros de juegos que se multiplican en la ciudad, pese a seis años de su prohibición. En ese área de la zona norte comienza la ruta de los casinos ilegales.
A las 10:00 de la noche, una de las jugadoras asiduas toca el timbre dos veces y luego da dos golpes más a la puerta de metal. Por el lado interno, un hombre de unos 35 años, alto y macizo observa por el visor, se da cuenta que se trata de una de las clientas que más dinero deja semanalmente en el casino ilegal y le abre la puerta. En esta ocasión no hizo falta decir la palabra “mágica” o la clave que usan en la sala de juego para poder ingresar, tal cual en las películas.
Si se va por primera vez al casino se debe ir acompañado de un “padrino” o “madrina”, que en el argot de la clandestinidad significa aquella persona que ya es clienta y la única autorizada para invitar a otros al envite y azar. Al ingresar, una sala paralela en el segundo piso de la vivienda abre sus puertas al público todos los días desde las 2:00 de la tarde. Los fines de semana, el reloj marca las 6:00 de la mañana y los jugadores siguen apostando.
El cuarto, de unos 8 metros, está acondicionado para el disfrute y entretenimiento de sus clientes ludópatas. Cuenta con aire acondicionado al máximo — la sala es tan fría que se debe llevar abrigo—, música ambiental de fondo y atención al estilo de los grandes bingos y casinos cinco estrellas que funcionaron en otrora en Maracaibo. Sirven café y refresco gratis, si se quiere alguna bebida espirituosa se puede ordenar. También sirven snacks para degustar entre las horas de juego. “El consumo mínimo es de 10 mil bolívares”, dice una de las trabajadoras que activa el crédito para jugar en las ‘maquinitas’. La sala cuenta con 20 máquinas traganíqueles. Hay clientes que pueden pasar hasta seis horas sentados frente a una de ellas. “Mi favorita es la que tiene unos pozos petroleros y cuando ganas hay un reventón”, dice una de las jugadoras, sin mencionar su nombre. La mujer de 45 años es profesora y desde el 2011, cuando los casinos dejaron de funcionar legalmente, ella los persigue para seguir jugando, ahora en la clandestinidad.
“Se debe mantener silencio en la sala. Si va a fumar, debe salir al patio de la casa y luego volver a entrar”, son algunas de las recomendaciones que ofrecen los trabajadores del local a su clientela que, a todo riesgo, apuesta su dinero y hasta su salario por un momento de entretenimiento.
“Hay jugadores que pierden sus ahorros; si no se tiene control sobre uno mismo, te puede quedar sin dinero, es un vicio muy caro”, comenta la clienta.
Un funcionario militar consultado asegura que las “maquinitas” usadas en estos casinos ilegales son las mismas que estaban en las salas de juego que funcionaron en Maracaibo hasta el 2011. El Gobierno Nacional prohibió la importación de nuevas traganíqueles al país, así como también, sacar las existentes de los casinos clausurados, en Maracaibo casi una decena.
Pese a la clandestinidad del sitio, está permitido usar el teléfono y hacer fotografías dentro de la sala. Hay cámaras de seguridad que vigilan cada uno de los pasos de los visitantes.
Estos lugares se multiplican pese a una resolución en la Gaceta Oficial 39.654, del 12 de abril del 2011, que lo prohíbe. Lo único que ha cambiado es que de las lujosas salas con luces pasaron a pequeñas salas de juego ocultas bajo la fachada de casas de familia, restaurantes y hasta farmacias, donde ofrecen desde bingos cantados, máquinas traganíqueles, hasta mesas de póquer. La Comisión Nacional de Bingos, Casinos y Máquinas Traganíqueles es el único ente autorizado para dar permisos y dictar sanciones. Solo en la isla de Margarita hay salas de juego legales, sobre todo en hoteles cinco estrellas; ocho establecimientos funcionan.
La ruta de la clandestinidad en el envite y azar continúa en la zona norte de Maracaibo. Existen establecimientos en La California, La Trinidad, Fuerzas Armadas, Delicias y hasta en San Jacinto. Al otro extremo de la ciudad también hay lugares con máquinas traganíqueles. En La Lago, se esconde uno de estos sitios al fondo de una discoteca reconocida. En Tierra Negra hay otro con fachada de una Pizzería, pero lo que menos hay es pizza.
“Los verdaderos jugadores conocemos todos los casinos y bingos, pero siempre debemos ir recomendados por algún padrino porque no le abren la puerta a cualquiera. Cuando cierran uno, visitamos otro y así vamos como nómadas de sitio en sitio para jugar”, explica una aficionada a los juegos.
Muchas de las personas encargadas de esos lugares son extrabajadores de los bingos y casinos que fueron cerrados. Saben operar perfectamente las máquinas y el negocio.
“Yo sé que las traganíqueles están arregladas para que uno pierda, pero a veces gano; cuando lo hago me voy de inmediato del lugar y no regreso por un buen tiempo”, cuenta la jugadora.
El perfil de los aficionados a los juegos de azar, generalmente, es el mismo: mujeres entre 30 a 60 años. En un casino de Raúl Leoni, dentro de uno de los bloques, no dejan pasar a “muchachitos”.
“Los jóvenes suelen ser imprudentes y por eso solo se aceptan adultos mayores”, deja decir un asiduo. Ir a un casino clandestino no solo implica desafiar la suerte en el sentido si se gana o se pierde en el juego, sino también en la propia libertad. Es ilegal, el jugador lo sabe, pero prefiere correr el riesgo por su misma adrenalina a afición del envite y azar. Se puede pagar el crédito de las máquinas con efectivo, tarjeta de débito y crédito.
En su mayoría usan los puntos de venta de farmacia o una panadería. Un empleado de uno de los casinos ilegales que abundan en la zona norte de la ciudad revela que la mayoría de las salas de juego son propiedad de generales y sargentos. El trabajador es encargado de un centro de envite y azar ubicado en las cercanías de la Residencia Oficial de la Gobernador del Zulia.
“La misma policía o los militares cobran una especie de vacuna para no cerrar el casino y permitir que siga funcionando. Es una red de corrupción”, contó, sin tapujos, el empleado.
El Ministerio Público reveló en su informe anual que durante el 2016 se confiscaron en todo el país un total de mil 884 máquinas traganíqueles, 620 tarjetas de control de juego, 43 mesas de juego, 11 ruletas y 10 computadoras, producto de las investigaciones relacionadas a estos casos . Durante febrero de este año fueron allanadas en Maracaibo cuatro salas de bingo y casino ilegales.
“Una vez estaba jugando en un casino dentro de una casa en el sector 4 de San Jacinto y llegó la policía. Los trabajadores nos dijeron que nos quedáramos tranquilos, que eso era algo rutinario, a los veinte minutos, la comisión se fue y seguimos jugando. Los dueños pagan una especie de vacuna a los funcionarios para que los dejen funcionar. Cuando llegan decididos a cerrar definitivamente es porque ya no quieren seguir cobrando o es muy evidente el funcionamiento de la casa de apuestas”, comenta una cliente fija de todos los sábados por la noche, en uno de los establecimientos de La Lago.
La ley para el control de los casinos, salas de bingos y máquinas traganíqueles, en su artículo 54, establece la pena de hasta cuatro años a “todo aquel que de cualquier manera patrocine, facilite u opere el funcionamiento de los establecimientos o máquinas traganíqueles, sin autorización previa. La sanción se extiende a los directivos, administradores y gerentes del local.
Pese a la existencia de una ley, un organismo rector y una pena, en Maracaibo la ruta de los casinos clandestinos sigue expandiéndose hacia los cuatro puntos cardinales de la ciudad. Una red multimillonaria de mafias, corrupción y funcionarios gira en torno de este submundo que muchos conocen y pocos comentan.