Experiencia Panorama

CRÓNICA: Descubre las espinas que se esconden detrás de la botella de un alcohólico

Una botella se viste de seducción. El primer sorbo abre paso al olvido. El resto, disfrazado de falso poder, es el detonante de la destrucción. No es sinónimo de festejo, tampoco de adultez. Es dolor punzante, ira contenida, miedos escondidos, patrones copiados…Una enfermedad que aniquila todo a su paso. La llaman alcoholismo. 

La casa de Jhoan A. parece haber superado un huracán. Hay sillas tiradas, vasos rotos, puertas descompuestas. Una canción de amor suena en la televisión, aunque en la realidad todo está impregnado de tristeza. Las lágrimas de Zoraly, su esposa, salpican todo a su paso; es mediodía y todavía están frescos los golpes que recibió ayer de quien juró respetarla hace unos años. 

Una pequeña de 6 años, sumergida en la impresión del “show” que hizo su padre, le grita: “Yo no te puedo pedir la bendición porque tú eres un borracho”. Jhoan está sucio y vomitado. No recuerda nada, el licor ahogó su memoria. Pero esas palabras lo hacen “tocar fondo” este 4 de junio de 2007. 

La amenaza de quedarse solo, sin familia, lo llevan a buscar luz, al día siguiente, en el grupo Central de Alcohólicos Anónimos (AA), ubicado en Bella Vista, Maracaibo. Desde los 13 años bebe del “néctar” que lo transformó y le “regaló” ese valor prestado que arrebató la timidez y lo hizo un chamo más expresivo, atrevido y valiente. Los primeros tres “palos” de ron convirtieron esta droga en un vicio. 

 

“Sabía que era alcohólico, pero estaba autoengañado. Afortunadamente, me di cuenta de que esta enfermedad es mortal y que la decisión de curarme estaba en mí. El 7 de junio de ese año me tomé la última cerveza. El 10 me declaré alcohólico. Fue magia en mi vida”, manifestó Jhoan.  

 

Hoy es su cumpleaños, así llaman los miembros de estos grupos de ayuda y reinserción social al aniversario de sobriedad, porque vaya que nacen de nuevo. Celebra una década de no tomar ni una gota de alcohol, un tiempo en el que logró rescatar a su familia y su empresa. Es el mismo día en el que Alcohólicos Anónimos mundialmente festeja sus 82 años. 

En total, 115.326 grupos locales, distribuidos en casi todos los países, prestan apoyo a más de 2 millones de alcohólicos. En Maracaibo funcionan 15.

Según un informe publicado este lunes por la Organización Mundial de la Salud (OMS), América Latina, luego de Europa del Este, es la región del mundo que más consume licor puro (como whisky o ron). Venezuela se ubica de tercero entre los países con más índice de ingesta. Cada venezolano consume 8,9 litros de alcohol anualmente.

La organización reveló que, por tomar de forma abusiva, más de 3,3 millones de personas murieron en el mundo en 2012, lo que representa el 6% de todos los fallecimientos. 

Para evitar estos desenlaces fatales, AA tiene un que consiste en aplicar 12 pasos, 12 tradiciones y 12 conceptos para el servicio mundial. La primera pisada consiste en admitir la impotencia ante el alcohol, para luego creer en un poder superior (Dios) capaz de devolver el sano juicio. El inventario moral es otro de los pasos, consiste en una profunda reflexión sobre la vida, es una especie de “depuración” desde la niñez hasta la adultez. También incluye hacer una lista de todas las personas heridas por el vicio y la reparación directa del daño causado. 

 

“La primera vez que fui al grupo me sorprendí porque encontré a mucha gente joven, pensé que eso era un club de puros viejitos. Al principio, no le creí a la gente que decía que tenía tantos años sin beber. Me parecía imposible”, comentó Alfredo U., de 52 años, quien hace vida en el grupo La Familia, en el Kilómetro 4. 

 

Entre borrachera y reunión se fue dando cuenta de que su vida reclamaba un cambio. Con la aplicación del programa, atropellada por tres recaídas, comenzó a aborrecer aquellos tragos que le hacían olvidar el maltrato y las humillaciones de su padre, también alcohólico. Tomar era un síntoma de la oscuridad que había en su alma, consumir otras drogas también. 

 

“Uno de mis hijos, Rocky, a los 14 años murió, mientras yo todavía navegaba en el vicio. No supe demostrarle mi amor y lo empujé a la calle. Por mucho tiempo me culpé por lo que le pasó”, contó. Esta es una de las partes de su historia que fue imposible de recoger, al igual que su matrimonio con Rosa, a quien violó “pasado” de copas. 

 

Pero con alegría agradece que por AA logró perdonarse, perdonar, equilibrar sus emociones y entender que “ya no podía beber por todo y con todo”. Desde entonces, el hábito de dormir con una botella debajo de la cama lo sustituyó por orar y meditar. La picazón que experimentó por la ansiedad de la abstinencia también desapareció. 

Igualmente, para Yanersi H., de 29 años, el grupo Central puso un freno a su vida de fantasía. “Tuve muchos traumas en mi infancia. El ejemplo de mi madre y mi abuela fue muy fácil de copiar. Dejé las muñecas por el licor, pero, desde hace un año y 14 días, cambié eso por Alcohólicos Anónimos”, refirió. 

El abandono en el que tenía a su esposo y su pequeña que ahora tiene 6 años, la irresponsabilidad en la universidad, las excusas para escaparse a tomar todos los días y el descuido de su apariencia quedaron atrás. 

Sin embargo, reconoce que en varias ocasiones las ganas de probar de nuevo el licor la persiguen. “Cuando recuerdo en quién me había convertido y en la destrucción que ese vicio causó en mí, recapacito. Nada vale más que poder disfrutar sanamente de mi familia y celebrar en sobriedad”. 

Suena la campana y un anónimo se para frente al estrado. En diez minutos cuenta su experiencia, mientras un nuevo miembro escucha atento. Al poco rato, el oyente toma la palabra: “¡Soy Román, soy alcohólico y por estas 24 horas no bebo!”. 

 

Descubre los signos de un alcohólico:

 

El licor toma el control. Cuando bebe la primera copa, no encuentra la forma de parar.

 

El primer lugar en la lista lo tiene la bebida. La familia, el trabajo, todo pasa a un segundo plano.

 

Lagunas mentales. El enfermo hace “estragos”, pero no logra recordar nada.

 

Ansiedad, obsesión y compulsión. A como dé lugar, necesita un trago.

 

Insomnio y pesadillas son comunes, sobre todo cuando no ha podido ingerir licor.

 

Excusas perfectas: alegrías, tristezas, rabias, problemas. Todo es motivo para tomar.

 

 

 

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