Pasar tres noches sin luz en una ciudad como Maracaibo es tan asfixiante como haber caído en una fosa profunda o entrar a un túnel de aire caliente en el que no parece haber salida. La comparación no resulta de ningún ejercicio de imaginación. Ahogarse de calor es una de las imágenes que entre sueño y pesadilla tuvieron quienes sí sufrieron, de nuevo, la peor cara de la crisis eléctrica del país: los zulianos. Con 84 grados de humedad y sobre 50 grados de sensación térmica, todos los indicadores de salud ligados con el clima indican que quien se someta a estas condiciones, corre peligro extremo. Siendo así, esta región con más de cuatro millones de habitantes sometió su salud a una verdadera prueba de fuego. El primer apagón del 7 de marzo, que duró cien horas, afinó apenas la capacidad de aguante pensando en la posibilidad de que otro evento similar pudiera volver a pasar, pero la verdad es que no hay preparación posible para la vida en anormalidad. Cualquier cálculo para extender algo de calidad de vida se derrite en esta región del país donde la autogeneración eléctrica no ha funcionado.
Lo que sí pareció un experimento doméstico fue lo vivido en esta segunda tanda de maltrato que supuso el apagón absoluto de energía eléctrica.El hielo que se tenga en un congelador, preferiblemente en un molde de aluminio, se derretirá en 35 horas y dará agua fría por cinco horas más, solo si la puerta deja de ser abierta y cerrada con frecuencia. Una vela de esas que ahora son más caras, pequeñas y delgadas, desaparecerá en cuatro horas. Las moscas, que entrada la noche reposan en las puntas de las hojas y en las cuerdas de la ropa, se despiertan, militarmente, a las 5:15 de la mañana. Los zancudos han estado todo el día y toda la noche activos, como si cumplieran un rígido ciclo de guardias. A chiste se ha dicho que los maracuchos siempre duermen arropados, pero solo quien vive y padece esta región sabe que someterse a esta extraña tortura solo obedece a una desesperada forma de escapar de la plaga. Los ciclos de luz y sombra para esta época del año tienen en común la temperatura y la humedad. Los zamuros, considerados popularmente como el ‘ave regional’, planean sobre el aire caliente mientras observan las poblaciones grises, poco arborizadas, con sus tumultos de basura manando sus hedores. Se viven los meses más calurosos en el Zulia, así que el agobio de las tardes soleadas no termina con la aparición de la luna menguante. A quienes el apagón los agarró sin un centavo en el bolsillo ni en las tarjetas, les tocó arrinconarse con lo poco que tenían a mano. Ya muchos guardaron la vergüenza y repitieron su caravana de colchones y de almohadas rumbo a los techos, otros se lanzaron, como damnificados, a pasar la noche en los frentes o terrazas, ahora con la difícil misión de conciliar el sueño entre sonidos de patrullas, alarmas, plantas eléctricas, cacerolazos, perros ladrando acaso también asustados, gritos y disparos. La madrugada de ayer fue particularmente caótica. La intranquilidad de muchos niños, adultos recién operados o abuelos obligó a un inusual tránsito nocturno para mantenerlos al menos al abrigo del aire acondicionado o al alivio del viento. Otros montaron vigilia frente a las estaciones de servicio para surtir combustible. Familias con rostros agotados pasaban con sus pipotes de agua en búsqueda de ese servicio terrestre para llenarlos, echárselos al hombro y subir hasta sus apartamentos.Se repitieron las pequeñas migraciones hacia otras zonas, buscando arrimo en medio del caos al que nunca hay que acostumbrarse.
