Doce zulianos lograron sobrevivir nadando. Exceso de velocidad y desperfectos mecánicos entre las causantes.
Una maleta cargada de ropa fue el bote salvavidas de los sobrevivientes. Las 12 personas que pudieron escapar con rapidez y pericia del cajón de lata en el que se convirtió el autobús de Expreso Maracaibo, se aferraron al equipaje, cuando cayó a las aguas del Lago de Maracaibo, desde el Puente General Rafael Urdaneta, hace, hoy, 25 años.
La noche del 5 de abril de 1991 estuvo marcada por la desgracia. Enlutó el hogar de 48 personas con la muerte de niños, bebés, jóvenes y adultos que se trasladaban en la unidad. Maracaibo entera y el resto del país se unió en el dolor y aún recuerda aquel episodio del autobús 17 con tristeza.
A las 10:30pm salió el bus Pegaso de la línea Expresos Maracaibo, placa C0-1364, del Terminal de Pasajeros de la capital zuliana. El destino era Caracas, con escala en Barquisimeto, Valencia y Maracay, pero ninguno de sus pasajeros pudo llegar, solo 12 de ellos se pudieron reecontrar de nuevo con sus familiares.
El listín, número 01059, registraba 54 personas, contando el chofer y el colector. Sin embargo, seis de esos viajeros, a última hora, decidieron cambiar de autobús, por el retraso. Salieron 48 personas, pero luego el conductor, Pedro Mendoza, —sin autorización— subió a 12 más a lo largo de Los Háticos.
El bus llevaba apenas 25 minutos de viaje, faltaban recorrer dos kilómetros con 670 metros y 60 centímetros del “Coloso de Maracaibo” para llegar a la cabeceraoriental el el municipio Santa Rita. Pero, en la pila 66, de las 134 que tiene el Puente, ocurrió la desgracia.
La rueda izquierda delantera de la unidad se incrustó en el chasis y esto hizo en la plataforma del Puente quedara una marca estimada en 30 o más metros de rayado, informó la comisión que investigó el siniestro en 1991.
El margen de maniobra del conductor fue infructuoso. El exceso de velocidad no lo ayudó.
El autobús signado con la sigla 17, saltó la división central para precipitarse por el canal contrario, hasta que rompió la baranda de contención del Puente y fue cuando quedó en todo el borde. Mientras se balanceaba poco a poco, como un columpio de un niño que sube y cae, causando los gritos desesperados en su interior.
Al cabo de varios segundos —aún nadie puede precisar cuántos fueron— el bus cayó al vacío. Se repitió una tragedia en el Puente, después que el 6 de abril de 1964, chocara el supertanquero Esso Maracaibo contra la estructura de concreto pretensado más grande América Latina.
“Ese sentimiento de pánico. Los gritos, las súplicas a Dios. Las miradas cargadas de incertidumbre, al tiempo que el bus se columpiaba en la orilla del Puente, nunca podré olvidarlos”, contó Lisbeth Rosado, una de las 12 sobrevivientes.
“El bus se saltó la isla del medio, comenzamos a andar por la vía contraria. De pronto impactamos con la baranda. Todo quedó en silencio, mientras nos columpiábamos a las orillas del Puente. Unos segundos después, sentí el gran vacío en el estómago. Caíamos. Todo se puso muy oscuro”, aseguró Lisbeth.
El bus de Expreso Maracaibo era nuevo, su costó fue de 2 millones de bolívares. Aunque sus propietarios dijeron que el primer viaje que hacía la unidad durante la noche del accidente, la verdad es que era su sexto traslado.
El chofer era gandolero, pero la imprudencia aunada a defectos en el automotor le hicieron una mala jugada.
La unidad iba a exceso de velocidad y llevaba sobrecarga de equipaje. “En ese tiempo, los buhoneros transportaban en los buses su mercancía”, aseguró un historiador.
“Estamos salados”, expresó el exgobernador del Zulia Oswaldo Álvarez Paz, la noche del accidente.
El Puente se paralizó con la tragedia. Aquel escenario causaba asombro entre los conductores que apagaban los motores de su carro para ayudar de alguna u otra forma.
“Tiraban mecates desde lo alto del Puente, para que los sobrevivientes pudieran salir del agua”, narró el cronista Kurt Nagel Von Jess, a PANORAMA.
Los investigadores descubrieron que el autobús tenía piezas reparadas y reconstruidas en su tren delantero. La barra y el muñón estaban desgastados.
Las labores de rescate de los cadáveres duraron dos días. Cuando sacaron el bus de las aguas con una grúa, hallaron cuerpos aprisionados en los cojines.
Las camionetas policiales sirvieron de furgonetas improvisadas para trasladar a las víctimas fatales a la morgue que colapsó. La incertidumbre reinó entre los familiares de los fallecidos.
El gobernador del Zulia decretó tres días de duelo. Veinticinco años después, los zulianos recuerdan con tristeza aquella tragedia que marcó la historia negra, un episodio doloroso que ruegan Dios no vuelva a ocurrir.