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Reportaje// Regresó “todo a mil”, traducción de un millón

Un tinte para el cabello cuesta mil, un antibiótico igual y también una cajta de té verde… Salta la duda en la cola para pagar: “¿mil?”. Traducción un millón. “Y eso es ahorita”, advierte la vendedora en la farmacia. “Su cuenta: tres mil (t

Un tinte para el cabello cuesta mil, un antibiótico igual y también una cajta de té verde… Salta la duda en la cola para pagar: “¿mil?”. Traducción un millón. “Y eso es ahorita”, advierte la vendedora en la farmacia. “Su cuenta: tres mil (tres millones)”.

  Ocurre lo mismo en la panadería. Un kilo de jamón mil bolívares, un litro de aceite de anjonjolí mil y un champú (chimbo)  mil más. “Su cuenta: tres mil”. Carlos Montiel, en seis productos, gastó seis mil (como se habla ahora) para ahorrarse palabras por la cuenta real se cobra en millones.  

El fenómeno confunde verbalmente, sin embargo ya forma parte la cotidianidad. “No hablamos de millones porque el valor real son miles”, explica Juan Osorio, comerciante informal. Para él, la hiperinflación desaparece  tres ceros. “Quieran aceptarlo ono, en la práctica el billete perdió los ceros”.  

“Este desastre en la economía  dificulta todo a la hora de pagar. Las tarjetas de créditos no tienen el límite suficiente, he tenido que usar hasta cuatro tarjetas para pagar un millón”, es la queja de Mariela Guzmán, en un supermercado mientras en la cola la gente reclama su forma de facturar. 

“No es mi culpa”, responde la usuaria a las personas que se forman en la fila, “más de uno quiere insultarme, no es justo”. 

Lo peor es que la dinámica de los precios cambia en horas, obviamente, regido por el dólar paralelo y otras circunstancias financieras que están dejando sin aliento a Francisco Perdomo, ingeniero, cuando le compró a su esposa un antibiótico y le valió una quincena de su sueldo (un millón).

Gabriela Osorio, empresaria, estaba acostumbrada a comerse un servicio de ocho rolls de sushi para ella sola, ahora lo tiene que compartir porque le cuesta un millón, “quizás ya hoy estará en un millón y medio”.

“Un café pasó de costar 25.000 bolívares a 100 mil   bolívares en diciembre”, señaló el economista y profesor de la Universidad Metropolitana, Natan Lederman, el 13 de enero en una conferencia en la que participaron otros 100 economistas. En ese foro, subrayaron que  si el Gobierno no hace las correcciones correspondientes en materia económica, al terminar el año Venezuela podría tener una inflación de 400.000%.“La canasta alimentaria familiar en el mes de enero de este año tenía un precio de 24.402,767.10 bolívares (…) hace un año costaba 621.106.98 bolívares (…), eso viene siendo en términos de inflación de los alimentos 3.828,9 % de inflación”, dijo el director del Cendas, Oscar Meza, a la emisora  Unión Radio.

El precio de la canasta básica continúa en alza y rompe otro récord. En enero cerró en 35.392.706,24 bolívares, lo que significa que una familia necesitaba diariamente 1.179.756,87 bolívares –casi 5 salarios mínimo diarios, que está en 248.510,41 bolívares– para cubrir su costo, de acuerdo con el Centro de Documentación y Análisis Social de la Federación Venezolana de Maestros. El Gobierno nacional lo justifica como “guerra económica”, un tema que  ha sido ampliamente estudiado por la economista e investigadora Pascualina Curcio. En su publicación “La mano visible del mercado” analiza que desde el año 2002, cuando se llevó un golpe de Estado contra el entonces presidente Hugo Chávez, en el país suramericano ha habido una “manipulación de la economía” por parte de sectores que querían “hacerse del poder político”.

En su opinión, esta acción sostenida se ha intensificado durante los procesos electorales o de “conflicto político” y ha sido posible porque la propiedad de las empresas  y la distribución de los productos se concentra en pocas manos.

El Observatorio de la Realidad Económica (Ovre), que se dedica al análisis económico, político y social en Venezuela, realizó un intenso estudio sobre la fijación de precios. Ingerzon Freites, miembro de Ovre,  explicó  que existe una “caotización” del sistema de fijación de precios, con altos niveles de especulación, “que viene dada por las expectativas de los comerciantes de ganar más”. Actualmente cada dólar ilegal se ubica en más de 210.000 bolívares. Este índice se usa para fijar el valor de bienes y servicios, sin embargo, no siempre se toma como referencia exacta. “Si hay una variación de 20% del dólar, el costo de reposición, que ellos incluyen en su estructura de costos, es de 200 o 300%”.

Para el economista  Tony Boza, en entrevista con el canal Telesur,  los primeros que juegan un papel determinante en la cadena especulativa de Venezuela y resultan beneficiados son las empresas que tienen posición de dominio en el mercado “y están asociadas a mercados transnacionales con sus congéneres locales”.

La tendencia cada vez es más notable, todo equivale a un millón por artículo. El impacto se reduce al ponderarlo en miles.   Para Ernesché Rodríguez Asien, profesor de Universidad de la Habana, Cuba, en su investigación La especulación financiera y sus consecuencias deja claro que los procesos especulativos que aceleran y agudizan la “economía de burbuja” demuestran que ningún modelo de desarrollo capitalista queda exento de los peligros del movimiento del capital ficticio que potencian siempre la búsqueda  de la ganancia fácil y rápida, por encima del camino estratégico y seguro de la competencia tecnológica.

 “En definitiva un país que produce más y mejor debido a un aumento de su productividad fortalece en tendencia su moneda.En los últimos años el mundo ha sido víctima de las crisis financieras internacionales, pues los movimientos especulativos son capaces de desestabilizar el sistema financiero en un solo día afectando a las restantes economías del mundo”.

Los “miles” de la especulación en los precios  acrecienta la burbuja económica venezolana.

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