Acnur Venezuela ofreció un balance sobre la situación de miles de personas que residen en el país con esta condición y que llegaron huyendo de la violencia en Colombia. Madeleine Labbiento, oficial de información pública del organismo, afirmó a PANORAMA que un 98% de los ciudadanos con necesidad de protección internacional son colombianos.
Rafael Gómez Torres [email protected]
Dejarlo todo en su país y llegar a Venezuela en busca de un mejor futuro. Miles de refugiados han dado ese primer paso para ganarse una oportunidad, un espacio para progresar y huir del miedo, de la violencia. En un momento en el que el camino de salida es el más congestionado, unas 173 mil personas decidieron transitar el pasillo de entrada a este país para ser protegidas. Un 98% de ese grupo son hombres y mujeres colombianas que, muchas veces por temor, se resguardan para no ser reconocidas. Las cifras, aportadas por la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur), forman parte del balance anual que elabora el organismo que busca tender una mano a quienes decidieron empezar de nuevo a pesar de la situación política, económica y social que afronta la nación. Sobre este punto, PANORAMA conversó con Madeleine Labbiento, oficial de información pública de Acnur Venezuela, quien aseveró que pese a estos tormentosos capítulos, la mayoría de los colombianos, en condición de refugiados, ha decidido quedarse para trabajar y brindar su esfuerzo para la recuperación. —¿Cuántas personas en condición de refugio existen en Venezuela?
—En Venezuela se estima que existen unas 173 mil personas refugiadas o con necesidad de protección internacional, pero realmente reconocidas, hasta diciembre de 2016, hay 7.461. Hay una brecha todavía muy importante de personas que están en necesidad de protección en el país, pero que no han sido reconocidas. Acnur Venezuela sigue trabajando de la mano con el estado venezolano, especialmente con la Comisión Nacional de Refugiados y la Cancillería, para buscar algún tipo de solución sostenible. La idea es poder brindarles una respuesta más expedita, con una regularización para que puedan optar a su documentación como venezolanos. En muchas ocasiones estas personas están invisibilizadas, incluso por decisión propia, por el miedo que pueden tener algunos de ser reconocidos. Nuestro deber es informarles que estamos acá y que nos hagan saber sus necesidades para abogar por ellos.
—¿Ciudadanos colombianos siguen ocupando el primer lugar de solicitudes?
—Sí, la mayoría son de Colombia. Estimamos que representan un 98% del total de personas en necesidad de protección debido al conflicto que hay en este país y que se ha extendido por más de 50 años. Es muy importante resaltar que a pesar de la crisis en el país, que obviamente les pega a los refugiados, quizás hasta más que a los propios venezolanos porque al no tener documento les cuesta mucho más el acceso a los Clap, a las medicinas, a los alimentos en general y al trabajo. A pesar de eso, ellos nos dicen que se quieren quedar en Venezuela, que se sientes bien y felices, que han encontrado la paz que no encontraron en Colombia. Muchos de ellos, sobre todo los que viven en zonas rurales, se proveen de sus propios alimentos y hasta venden a sus propias comunidades, me parece una visión positiva. Por eso seguimos empujando la integración local.
—A pesar de los esfuerzos por la resolución de conflictos, la cifra de refugiados en el mundo sigue subiendo ¿A qué se debe?
—La cifra al cierre del 2015 y el año pasado son similares, aunque con un incremento de 300 mil personas desplazadas. La cifra sigue siendo alarmante, es equivalente a la población del Reino Unido. Solo el año pasado unas 10.3 millones de personas se desplazaron forzosamente, unos siete millones como desplazados internos. La cifra global se mantuvo casi igual porque afortunadamente medio millón de refugiados y seis millones y medio de desplazados internos lograron volver a sus casas. Unas 200 mil personas fueron aceptadas como reasentados en un tercer país. Por eso es que las cifras se mantuvieron prácticamente similares, aunque sigue siendo alarmante.
—Lo que demuestra que las personas prefieren abandonarlo todo y huir de los conflictos…
—La reflexión que siempre hacemos es la de ponerse en los zapatos de los refugiados porque es fácil cuestionarlos, la gente pudiera decir ‘que fastidio que vengan a quitarme mi trabajo y mi comida, pero cuando eres tú, como lamentablemente está ocurriendo con los venezolanos que se ven forzados a irse, ahí es que te das cuenta de lo importante de la solidaridad de los otros países vecinos. Los países que siguen generando la mayor cantidad de refugiados son Siria, Afganistán y Sudán del Sur. Y en el aspecto de desplazados internos: Siria, Irak y también Colombia con 7.7 millones de desplazados internos, eso a pesar de los esfuerzos de paz que son muy valiosos. Sin embargo, continúan las bandas criminales azotando a la población en Colombia y la frontera.
—¿Qué diferencia a un refugiado de una persona que solicita asilo?
—Según la convención internacional son términos iguales. No obstante, para el caso latinoamericano se le da una denominación distinta porque los refugiados huyen por violencia generalizada, por pertenecer a un grupo social determinado, por su nacionalidad, por su etnia, por su género, pero para la legislación latinoamericana asilo se usa para los perseguidos políticos.
—¿Cree que hay más sensibilidad en el mundo sobre los refugiados?
—Totalmente y lo vemos con buenos ojos desde Acnur. Es muy positivo porque a pesar de que sigue existiendo xenofobia, y lo vemos en algunos discursos muy penosos en países que muestran resistencia a la entrada de personas refugiadas, hay una creciente sensibilidad e interés de la opinión pública internacional, y de muchos líderes mundiales como Angela Merkel (canciller alemana) o el papa Francisco, quienes han llevado el tema como una bandera personal porque se han dado cuenta que esta situación afecta al país de origen y al resto de los países vecinos. También invitamos a las personas a firmar una petición en internet para que más personas puedan solidarizarse con la causa de los refugiados. En la medida que recaudemos millones de firmas podremos llevarlas a la próxima Asamblea General de las Naciones Unidas, sobre refugio, para abogar por políticas internacionales públicas ya que esto depende mucho de la voluntad de los estados en favor de estas personas.
—En febrero se reportó que unos 200 colombianos llegaron al sector “El Cruce”, en el municipio Jesús María Semprún, ¿Cuáles son sus condiciones actuales?
—Fueron más personas, fue muy fuerte. Al llegar registramos unas 301 personas entre hombres, mujeres y niños de 117 grupos familiares. La gente retornó relativamente rápido a Colombia, solo estuvieron unas dos semanas. Algunos dijeron que sintieron un miedo generalizado porque se corrió el rumor que unos grupos paramilitares iban a llegar y a tomar las tierras. Muchas personas salieron huyendo, nosotros estuvimos ahí brindándole todo el apoyo.
