El director surcoreano Yeon Sang-ho, conocido por su trabajo en el cine de terror con títulos como Tren a Busan y Península, regresa a la cartelera con Zona cero (titulada originalmente Colony), un largometraje que combina elementos de biotecnología, acción y supervivencia. La propuesta se suma a las opciones disponibles para los seguidores del género en las salas de cine.
La trama y el desarrollo del conflicto
La historia arranca cuando Seo Young-cheol, interpretado por Koo Kyo-hwan, actúa como un científico resentido que libera un virus de rápida propagación en medio de una conferencia de biotecnología realizada en un rascacielos en Seúl. Al llevar en su propio cuerpo el único antídoto existente, su accionar transforma el edificio en un entorno claustrofóbico donde los ocupantes quedan expuestos a una infección letal con potencial de propagarse a toda la ciudad.
En medio del colapso, Kwon Se-jeong, una profesora de biotecnología encarnada por Jun Ji-hyun, aprovecha sus conocimientos para analizar el comportamiento de los infectados y buscar una vía de escape. Por su parte, el actor Ji Chang-wook interpreta a Choi Hyun-seok, un funcionario de seguridad que intenta salvaguardar a su entorno mientras las estructuras sociales colapsan dentro de las instalaciones.
Valoración técnica y cinematográfica
La puesta en escena destaca por el aprovechamiento del espacio y las coreografías de combate, elementos que reflejan la solvencia técnica característica de las producciones surcoreanas. Yeon Sang-ho compone secuencias marcadas por la tensión visual y la violencia, mientras que el diseño de fotografía establece un contraste entre la estética corporativa del edificio y la degradación provocada por el avance viral.
No obstante, la recepción crítica ha señalado que la producción no siempre cumple con sus expectativas más ambiciosas. Si bien ofrece ritmo y despliegue técnico a lo largo de sus 123 minutos, algunos sectores de la crítica apuntan que los personajes secundarios carecen de mayor profundidad y que las reflexiones sobre la ciencia y la responsabilidad moral quedan en un plano secundario frente a la acción pura.



