Hablar con un actor de doblaje puede resultar extraño: Claudio Serrano no usa el tono de Batman, pero su voz sigue siendo inconfundible; con John DiMaggio o Charles Martinet ocurre algo parecido, porque en segundos aparecen Bender y Mario.
Los tres coinciden en una idea: para dar vida a un personaje no basta con imitarlo, hay que habitarlo. Y también comparten una preocupación cada vez más urgente: la clonación de voces mediante IA.
Convertirse en el personaje
Martinet lleva 30 años haciendo la voz de Super Mario y, según cuenta, su trabajo empezó casi por chiripa, improvisando en una audición. Desde entonces repite el mismo consejo: hay que ser el personaje.
“Mi forma de impactar en Mario fue crear el hombre que yo quiero ser”, comenta. También recuerda que para otros papeles, como Luigi o Wario, fue variando la fórmula hasta encontrar matices distintos para cada uno.
DiMaggio, por su parte, dice que disfruta interpretar personajes que hacen sentir bien a la gente. En su caso, también ha dado voz a Bender, Jake de ‘Hora de Aventuras’ y Marcus Fenix de ‘Gears of War’.
Serrano, que hizo de Joker, cuenta que recibió muy pocas indicaciones y que fue el propio diálogo el que terminó de darle la voz al personaje.

La preocupación por la IA
Los tres se muestran inquietos ante la posibilidad de que sus voces sean clonadas sin permiso. Martinet afirma que en sus contratos tiene una cláusula para evitar ese uso y considera que hay cosas que deben regularse.
DiMaggio va más lejos: dice que la IA le parece terrible y asegura que la considera una herramienta usada para hacer trampas. También sostiene que no le gusta lo que está pasando en Estados Unidos en torno a ese asunto.
Serrano contó que llegó a encontrarse con una voz doblada sin que él hubiera participado en ese trabajo, lo que obligó a revisar qué estaba pasando. Para los tres, el debate ya no es solo artístico, sino también de protección profesional.
Lo que temen los actores de doblaje
Martinet resume su postura en una idea simple: la tecnología puede tener usos positivos, pero debe haber límites claros. DiMaggio, en cambio, expresa que el problema es que hay quienes quieren usarla solo para ganar más dinero.
Al final, los tres dejan la misma impresión: sus voces no son solo una herramienta técnica, sino parte esencial de los personajes que millones de personas reconocen de inmediato.


