La puerta de la carrera musical del tenor zuliano Oscar José Valencia Álvarez se abrió en una de las añoradas y majestuosas veladas de la Virgen de Chiquinquirá en la plazoleta de la Basílica. Allí, el 17 de noviembre de 1978, cuando era un adolescente, se presentaron las voces más consagradas del talento venezolano de la época: Rosalinda García, Héctor Cabrera y Alfredo Sadel con una orquesta de más de 100 músicos en una presentación nocturna inolvidable.
Acompañado por su padre, Rafael Valencia, el jovencito -colmado de emoción al escuchar tan preciosas voces- esperó impaciente a que el “tenor de Venezuela”, como era conocido Sadel, bajara de la tarima para cantarle a todo pulmón el tema Granada, del compositor mexicano Agustín Lara y que han interpretado grandes artistas contemporáneos como José Carreras, Plácido Domingo y Luciano Pavarotti.
“Granada, tierra soñada por mí / mi cantar se vuelve gitano cuando es para ti / mi cantar hecho de fantasía / mi cantar flor de melancolía / que yo te vengo a dar”, recitó Valencia entre la muchedumbre. Como premio a su interpretación, los aplausos y congratulaciones de los músicos que acompañaban a las estrellas no se hicieron esperar.
Asombrado por la calidad vocal, el “monstruo de la canción” no dudó en apadrinar a su más ferviente admirador. Felicitándolo le dijo que Granada era la pieza más difícil de interpretar y le enseñaría todo lo necesario para ser un excelente cantante.
Pidió al progenitor llevarlo a Caracas para darle las primeras lecciones de canto, pero no contaban con los recursos económicos para costearle la estadía en la capital. Eso no fue impedimento para que el cantante, sin ningún celo artístico, se ofreciera en pagar el pasaje y lo hospedó en su propia casa para “explotar esa cantera de talento”. Un gesto tan desprendido, sin mezquindad, que Valencia nunca olvidará.
Desde temprana edad, afloró sus virtudes por el canto. Responsables de esa inclinación por la música fue su padre, un tenor que cantaba en vivo en las emisoras de radio, en la década de los años 50, mientras que su progenitora María Julia Álvarez de Valencia presumía su larga cabellera en comerciales para champú y quien a los 70 años se graduó como psicopedagoga.
Su único hermano Mario Alberto comparte la misma vena artística, destacándose en el canto y bailando merengue dominicano.
Héctor Valbuena, pianista de Billo’s, y Rafael Rincón.
A los 8 años, Oscar Valencia hizo su debut con un repertorio de música venezolana con los temas Mi Propio Yo, de Chelique Sarabia y Canta Arpa, de Alfredo Sadel, acompañado por el pianista Héctor “Pelón” Valbuena , de la orquesta más famosa de Venezuela: Billo’s Caracas Boys, en la antigua discoteca Zodíaco, de la calle 72 de Maracaibo.
Con solo 13 años, empezó a brillar y prometía ser un destacado tenor. Incursionó como solista en la Orquesta Típica del estado Zulia, que para ese momento tenía 85 músicos, y era dirigida por Félix López Godoy. A finales de la década de los 80 participó en la banda de conciertos Simón Bolívar, de Trujillo, en la banda de la Policía del estado Zulia, y en las orquestas sinfónicas de Maracaibo, Táchira y Lara, hasta alcanzar a lo largo de su trayectoria más de 3.000 presentaciones entre Venezuela y otros países.
Oscar Valencia con su maestro, “el tenor de Venezuela”, Alfredo Sadel.
El episodio que allanó su carrera fue recibir clases del maestro Sadel, con quien hizo una larga amistad hasta el día de su fallecimiento, en junio de 1989. “El tiempo y el destino me permitieron cantar, grabar canciones, y hacer una amistad muy estrecha con todos esos artistas. Me abrió las puertas de comprender, estudiar, valorar la técnica del canto. Me inculcó a hacer un canto responsable, que esta profesión digna debe dirigirse con mucho respeto hacia el público», expresó el tenor, de 50 años.
Recuerda que su maestro no era cualquier persona. Estaba ante una eminencia, graduado del Mozarteum de Salzburgo, la escuela superior de música más importante del mundo. Al hablar -relata Valencia- brotaba un don especial de pedagogía, sabía lo que explicaba y lo hacía con mucha destreza y profunda autoridad.
Las clases consistían en ejercicios respiratorios, el fortalecimiento del diafragma y de cómo colocar correctamente la emisión vocal en el paladar óseo para activar las cajas de resonancia natural de la voz y así proyectarla con volumen de forma brillante y afinada.
Esta intensa preparación también trascendió las fronteras. En Italia, la cuna de la ópera, Valencia tomó clases con profesores que estudiaron en el Conservatorio Santa Cecilia de Roma, en un pueblo llamado Caselli in Pitari, en la provincia de Salerno, a unas cuatro horas en tren al sur de Roma. Durante un intercambio cultural con dicha institución recibió la asesoría de su director Leonello Cammerotta.
En Colombia aprendió otras técnicas con el musicólogo y editor Jaime Rico Salazar, en Medellin y Bogotá.
Aunque lo llaman el tenor del Zulia por su potente voz y que debería dedicarse a la ópera, enfatiza que “no es su lado fuerte”. Su pasión es la música venezolana, la que desea seguir cultivando en jóvenes. Un ejemplo de su aporte fuer la fundación de la revista Valores Musicales en el Zulia.
Con el cantante marabino Mario Suárez.
Gracias a su constancia, excelente voz y amor por la música lo han llevado a compartir con grandes artistas nacionales e internacionales como Héctor Cabrera, Mario Suárez, Lila Morillo, Aldemaro Romero, José Luis Rodríguez “El Puma”, Juan Gabriel, Hugo Carregal, Estelita del Llano, Simón Díaz, Reinaldo Armas, Mayra Marti, Rudy Márquez y Rocío Dúrcal.
Haciendo un balance de su vida, dice haber alcanzado más cosas buenas que contrarias. Una de las presentaciones que más evoca fue en un hotel de Salerno, a la orilla del mar. Había aprendido 20 canciones en italiano, pero de repente un productor internacional lo contrató para un programa de televisión que difundieron en varios países de Europa.
Junto con la diva zuliana Lila Morillo.
De la noche a la mañana, a petición de esa persona, tuvo que aprender a la perfección dos canciones en inglés: My Way, de Frank Sinatra; y You don’t have to say you love me, las cuales interpretó, llenando las expectativas del público.
Otro acto muy emotivo difícil de olvidar fue un día después de sepultar a su padre. Tenía un concierto en el Círculo Militar de Maracaibo y el progenitor le pidió antes de morir que no lo cancelara. Esa noche cantó con mucha dificultad, ahogado en la más profunda pena.
Valencia lleva más de 3.000 presentaciones entre Venezuela y otros países.
En los años posteriores, aprendió a equilibrarse ante situaciones adversas de la vida con actividades gratificantes. Desde hace ocho meses, Valencia duerme feliz todos los miércoles, luego de trabajar en la coral infantil juvenil de la Dirección de Prevención del Delito, adscrito al Ministerio de Justicia, en la sede de la Cantv, del sector Sabaneta.
Se alegra de trasmitir a las nuevas generaciones, tal como lo hizo su maestro Sadel, toda la experiencia y conocimiento que ha adquirido para alejarlos de los vicios y convertirlos en los futuros cantantes de Venezuela.
En la década de los 90, fundó la escuela de música Alfredo Sadel, donde estudiaron cientos de niños, jóvenes y adultos, durante 20 años.
En vista de que muchas personas eran relegadas por condiciones especiales, fue el pionero en crear un programa de educación musical para niños excepcionales: con discapacidad visual, autismo y síndrome de Down, demostrando que también poseen un don especial para los instrumentos musicales.
Todos los días inculca a los niños para que aprovechen esta “etapa de oro” en sus vidas. A diferencia de su formación, no había buenas instalaciones para cantantes emergentes. Debía luchar contra el rechinar del ventilador del techo para escuchar bien la nota del pianista y explotar la voz al 100%.
“Si comparamos los miles de años que tiene la humanidad, nos damos cuenta que nuestro paso por esta vida es sumamente breve, y no nos queda de otra que luchar apasionadamente, con responsabilidad y estudio para alcanzar las metas que nos hemos propuesto. Dignidad y honradez son las dos columnas principales que sostendrán nuestro trabajo”.