En mayo pasado, millones de personas en todo el mundo observaron el casamiento del príncipe Enrique, nieto de la reina Isabel II, y su novia, la actriz estadounidense Meghan Markle, y los medios de comunicación elogiaron a la pareja como la personificación del glamour y la modernidad de la realeza.
Pero menos de un año después, la pareja se encuentra con una cobertura mucho menos favorable mientras se prepara para el nacimiento de su primer hijo esta primavera boreal.
“Joyas no aprobadas: la reina prohíbe a Meg usar las gemas de Di (Lady Diana)”, publicó el domingo The Sun, el diario de mayor tirada de Gran Bretaña, por una historia que argumentaba que la monarca le había prohibido a Meghan usar alhajas reales, una señal de las crecientes tensiones entre la mujer de Enrique y Windsor de mayor edad.
“Meghan Markle (es) una persona ‘bastante difícil’ con la que lidiar – ‘Enrique está destrozado’”, decía el mes pasado un titular del Daily Express, mientras el Daily Mail publicó en enero una historia titulada: “Cómo la merienda de aguacate favorita de Meghan (…) está alimentando los abusos de los derechos humanos, la sequía y los asesinatos”.
