Robert Arapé
Mario Moreno “Cantinflas” sigue vivo en el corazón del público. No solo fue el hombre que universalizó el sentido del humor latinoamericano, también fue considerado por Charles Chaplin “el mejor humorista del planeta”, cuyas comedias pronto tendrán formato de largometraje animado y de videojuego.
Encarnando el alma del simpático pobre de los barrios populares mexicanos, todo su atuendo delataba los sinsabores de los platos vacíos: pantalones amarrados con un cordel, franelas ajustadas, sombrerillo de campesino y bigotillo ralo; un hombre que se reía de sus propias desventuras así como de los problemas de la vida y, haciendo uso de una verborrea embrollada, terminaba teniendo razón y arrancándole carcajadas al público.
“Los momentos pasan y los minutos también, y luego pasan hasta los segundos y luego, de segundo en segundo, agarra uno el segundo aire”, solía recordar. El impacto de la dicción de Cantinflas fue tal que, en 1992, la Real Academia de la Lengua Española incluyó en el diccionario el verbo cantinflear.
Nacido en Ciudad de México el 12 de agosto de 1911, Fortino Mario Alfonso Moreno Reyes dedicó su vida artística a encarnar a Cantinflas en más de 50 películas, destacándose Ahí está el detalle, El barrendero, El gendarme desconocido, Si yo fuera diputado, El padrecito, entre otras inolvidables historias que terminaron convirtiéndose en los clásicos entre los clásicos de un actor que desde la década de los años 40 se dedicó al cine.
Hollywood se rindió a los pies del comediante, dándole el primer crédito en la cinta La vuelta al mundo en 80 días. “En 1956, obtuvo un Globo de Oro como mejor actor protagónico y su participación en la cinta motivó una recaudación de 40 millones de dólares, confirmando que el actor bajo el atuendo de ‘pelaíto’, era el más taquillero del mundo y el mejor pagado del momento”, comenta Mercedes Arellano, experta en farándula mexicana.
“Era un hombre multidimensional —confiesa por comunicado de prensa el actor español Oscar Jaenada, quien protagonizó el último biopic sobre el comediante mexicano y habla de dicha experiencia—. Fue un reto representar a un empresario en la vida y a un gran artista en la pantalla grande. Siempre tuvo bien trazados esos límites. Era un hombre con dos fuertes personalidades a la vez; cada una tenía su lugar y su momento”.
Mario Moreno (quien estuvo en Venezuela y visitó Maracaibo como parte del programa Súper Sábado Sensacional), “era una institución”, como recuerda el presentador Gilberto Correa: “Hombre serio, utilizaba anteojos de pasta fuera del camerino, pero se transformaba por la magia del humor. Entre sus frases proverbiales se cuenta una en especial: ‘¡Ahí está el detalle! Que no es ni lo uno, ni lo otro, sino todo lo contrario’. Una frase que deslumbraba por un humor reflexivo”.
Cantinflas con mensajes de “buena onda”, refrescaba a quienes saboreaban a diario las amarguras de la vida, en cuyo amargo sabor el humorista había nacido como un miserable más entre los millones de habitantes del distrito federal mexicano. Fue el fruto de un matrimonio entre un triste cartero y una señora de la limpieza, Pedro Moreno Esquivel y María de la Soledad Reyes Guízar, padres que engendraron catorce hijos, aunque la mitad no sobrevivió a las penurias posteriores del parto. El sexto hijo en nacer no estaba destinado a convertirse en actor; inteligente, analítico, aplicado, debía estudiar una carrera a la altura del sacrificio al que estaban dispuestos a realizar sus trabajadores padres para que la numerosa familia saliera de la pobreza.
“A pesar de graduarse como médico en la prestigiosa Universidad Autónoma de México, seguía trabajando como atracción de un circo callejero. Se maquillaba y vestía de tal manera que ningún familiar pudiera identificarlo y delatarlo con el padre —comenta el imprescindible crítico español de cine Carlos Boyero—. Representando al hombre humilde, no tenía más remedio que ponerse a hablar para que la suerte le sonriera; el público reaccionaba a sus peroratas, gritándole: ‘¡En la cantina te inflas!’, una expresión que significaba que estaba borracho y cuya contracción bautizó al personaje del comediante”.
Entregándose a su la vocación de hacer chistes, Cantinflas lo apostó todo y, al cabo de los años, terminó ganando la partida: se realizó como actor y sacó a la familia de la pobreza; también fue un gran altruista que abogó por mejores beneficios salariales para sus compañeros de grabación.
Atraído por las rubias extranjeras, se casó a los 21 años con la bailarina rusa Valentina Ivanova. Nunca tuvieron un hijo y Mario Moreno se culpabilizó en público de ser estéril. “Valita” murió de cáncer en los huesos, tomada de la mano del hombre que ninguna mujer apartó de su lado, ni siquiera las despampanantes estrellas con quienes su marido compartía escena y momentos íntimos. No obstante, Mario Moreno “adoptó legalmente” al niño bautizado como Mario Arturo Moreno Ivanova, quien ha confesado ser “hijo biológico” del comediante y de la modelo estadounidense Marion Roberts, quien se habría suicidado tras entregarle el niño al actor.
Cuando murió a los 81 años, el 20 de abril de 1993, víctima de un cáncer pulmonar por el hábito del cigarrillo, Cantinflas era una leyenda que amasó por sí solo una fortuna calculada en 100 millones de dólares, desatando una guerra entre los herederos por los derechos de explotación de las películas, pertenecientes a los estudios Columbia Picture, cuya exhibición continúa convocando grandes niveles de audiencias debido a la sabiduría de un hombre siempre dispuesto a hacer reír con frases semejantes: “Lo difícil se hace inmediatamente, pero lo imposible lleva un poco más de tiempo”.