Es la actriz cotizada de Telemundo. La que puso a los colombianos a cantar otra vez el vallenato corta venas de Patrica Teherán y la que en Televisa hizo de las suyas como la villana cómica de los dramáticos.
María Elisa Camargo vive su momento de gloria. El momento que no sabe si volverá a repetir, porque así es la televisión, aunque ella espera que su éxito vaya más allá de la serie que mantiene pegado al público criollo en Venevisión: Tarde lo conocí.Protagonista, cantante y modelo. Ella hace de todo y en esta producción demuestra que puede transformarse para darle vida a quien sea en la ficción. Asumió el reto y ganó. De eso y más, la actriz habló con PANORAMA, vía telefónica desde Los Ángeles.
—Fueron muchas las artistas que buscaron el personaje de Patricia Teherán, pero finalmente usted fue la elegida. ¿Cómo conquistó a los productores de la serie?—(Risas). Bueno, creo que vieron las características necesarias para interpretar un personaje como el que estaban por llevar a la televisión. Querían a una actriz que cantara y ya yo tenía cierta experiencia en el canto. Eso quizás fue lo que terminó de convencerlos. Aunque te confieso que tenía mis dudas porque para ese momento tenía contrato de exclusividad con Telemundo y no sabía si me iban a dar el permiso. Sin embargo me arriesgué y decidí hacer el casting, pero de una forma bastante particular.
—¿De qué forma habla?—Pues me las ingenié y lo hice por video, me caractericé como el personaje. Me conseguí un compañero maquillador que me ayudó con el look, que me hiciera ver como de los años 80. Empecé a cantar en vivo y les gustó mucho. Tanto que pasé el primer filtro, hasta que por fin me llamaron de Caracol para decirme que arreglaron mi contratación con Telemundo; consiguieron el permiso y me avisaron que debía integrarme a las grabaciones en Colombia.
—¿Y cuál fue el mayor desafío que representó para usted “Tarde lo conocí”?—Fueron varios. Primero, es que nunca había interpretado a alguien de la vida real. Todos mis roles eran de ficción, entonces el compromiso se fue haciendo mayor… Además, el hecho de que yo no naciera en Colombia, pese a ser de padres colombianos, generó cierta resistencia del público. Muchos esperaban que una cartagenera interpretara a Patricia, pues la gente de ahí tenía el acento, el caminar, los modismos. Imagínate que yo venía de México… Sin embargo, lo más duro fue la música en vivo. Porque aquí era absolutamente todo en vivo, no había grabaciones. Era, para completar, vallenato, que debía sentirlo, hacerlo mío. Mi voz es ronca, no es una voz de academia; por lo tanto tuve que cambiar mi estilo de vida, dejar las fiestas, las salidas tarde, para mejorar mi tono. Tienes que considerar que estás rindiendo un homenaje y debes dar la talla…
—Pero usted venía del reality show Factor X… ¿Eso no era ventaja?—Puede que sí o que no. Eso fue a los 12 años, mucho tiempo. Muchas veces me arreglaban la voz, y de paso, salí súper rápido (risas). Cantar siempre en vivo es mucho más complicado. Uno obtiene un poco de cancha, vence el miedo escénico, pero fue como empezar de cero.
—¿Conocía algo de Patricia Teherán? —Si había escuchado el coro de algunas canciones, pero no estaba tan involucrada con su vida artística. Fue, tal vez, eso, lo que me dio miedo porque no quería parecer una caricatura. Me tocó buscar en internet y me encontré con una mujer súper sensual, que cantaba en una época en la que el mercado estaba difícil para las mujeres. Era una ‘mujer huracán’ tan carismática, desparpajada, esa mujer completamente fuera de su época y que aportó tanto al país, no la veía tan clara. No era gritona, ni escandalosa. Fue difícil llenar los zapatos de Patricia.
—¿Qué le dijo la familia de Patricia cuando vio su interpretación?—Te cuento que fue súper bonito porque les toqué el corazón y como actriz es una gran recompensa. Que el trabajo les haya gustado fue como un espaldarazo. Su familia me apoyó, conversé mucho con sus parientes, sus amigos, trabajadores, pretendientes y hasta novios. De hecho, nos fuimos a las playas donde ella tocaba para contagiarme de esa energía, y de verdad que funcionó.
—Es de suponer que terminaron gustándole las canciones de la “Diosa del Vallenato”… —Me encantaron, y me gustaron por el contenido, porque no hace ver a la mujer siempre como la sufrida. Y es que nosotras también somos pecadoras, aunque las letras de las canciones nos quieran hacer ver de otra manera.
—Ella era muy dramática, su vida fue muy acontecida. ¿Se parece en algo a sus experiencias amorosas?—Bueno, no me he enamorado de un hombre casado. A Patricia le pasó porque la engañaron. Si yo me entero que el hombre con el que estoy es casado, simplemente cierro esa puerta con doble llave y no lo dejo pasar jamás.
— “Tu decías que me amabas / que siempre serias mío / todo fue una mentira / me dejaste sin nada / nada”. ¿Le ha tocado cantarle eso a alguien? —No me han dejado sin nada porque en realidad nunca lo he puesto todo en una relación. Siempre he tenido en cuenta mi individualidad como mujer. Mi carrera es mía, con esto me mantengo. Nadie me paga nada. Sin embargo, te puedo decir que sí he cantado: “Que desastre / que pena / que me hayas dejado así” (risas). Fue una relación que tuve por ahí muy desastrosa, pero al final uno entiende que el despecho es necesario para aprender, para entender qué es lo que no debemos aceptar y lo que sí. El despecho nos hace llorar, pero también nos hace pisar la tierra. Nos pone en nuestro lugar sin matarnos. Porque es que nadie muere de despecho, aunque al principio creamos que el mundo se está acabando.
—Con la novelas sumo dos tipos de fanáticos: los de Patricia, más los suyos. ¿Cómo vivió ese repunte?—Lo viví con muchos sentimientos encontrados porque había un gran reto de por medio: ganarme los de Patricia. Me criticaron mucho al principio, pero ya luego se enamoraron. Se dejaron llevar por la serie.
—Le ha tocado decirle a alguien: Tarde lo conocí?—No, porque al que haya conocido tarde es porque no era para mí. El tiempo me ha traído a las personas en el momento perfecto.