En nuestra columna anterior hablábamos de la Maestra Irene Levandovsky, pionera de la danza académica en Maracaibo.
En Venezuela tenemos a dos excelentes artistas que se formaron e integraron compañías de alto nivel internacional y que realizaron una labor pionera en la formación de los artistas de nuestro país: Lidija Franklin y Nina Novak. Lidija Franklin nació en Moscú en el año 1917. Inició sus estudios en la ciudad de Riga; luego se trasladó a Inglaterra en donde estudió con el gran maestro Kurt Joss, pilar fundamental de la nueva danza moderna alemana quien tenía su centro en Londres.
Posteriormente, en Nueva York trabajó con de una de las grandes coreógrafas norteamericanas: Agnes de Mille, entre otras. Al llegar a Caracas, junto con su esposo el maestro Gustavo Franklin, crean la escuela Ballet Arte en 1957.
Realizan una labor pionera teniendo en cinco años una matrícula de más de mil ochocientos niños y niñas de zonas marginales de la capital. Por falta de apoyo oficial este centro de formación fue cerrado. Sigue su labor y surge entonces la escuela que funcionará como centro oficial del Ballet Internacional de Caracas.
La maestra Lidija Franklin ha recibido innumerables reconocimientos, entre ellos el Premio Nacional de Cultura mención Danza, en 1998. Otra maestra que ha dado lo mejor de sí para el desarrollo de la danza en Venezuela es Nina Novak (1927), artista que formó parte de grandes compañías internacionales como el Ballet Ruso de Montecarlo, compartiendo roles con grandes estrellas del ballet del siglo XX, y quien también decidió quedarse en nuestro país.
Comenzó sus estudios en su ciudad natal, Varsovia (Polonia), donde tuvo como maestros a Bronislava Nijinska y a Woizikovsky Leon. En el año 1962 se radica en Caracas y, desde ese momento, además de crear la compañía que lleva su nombre, se dedica a la formación de jóvenes artistas de la danza quienes a su vez hoy son maestros de nuevas generaciones. Ha recibido amplios reconocimientos por su trayectoria.
El Premio Nacional de Cultura mención Danza, en 1996. Muchos extranjeros, en este caso de origen europeo, hicieron de Venezuela su patria y decidieron quedarse en un continente nuevo con grandes problemas sociales, culturales y políticos, pero con un pueblo ávido, sensible, solidario que ha sabido en todo momento reconocer y valorar su arte.