Más de 50 años después de uno de los estudios más discutidos de la psicología, Netflix llevó a formato de telerrealidad el experimento de la prisión de Stanford, un proyecto que vuelve a abrir el debate sobre los límites entre ciencia y espectáculo.
Una recreación con 30 voluntarios
La producción, titulada El experimento de la cárcel de Stanford: un nuevo enfoque, pone a 30 voluntarios en los papeles de guardias y presos dentro de un ala en desuso de una cárcel real. La propuesta se presenta como una versión moderna del estudio que Philip Zimbardo realizó en 1971, cuando era profesor de la Universidad de Stanford, en Estados Unidos.
Zimbardo reclutó a 24 jóvenes y los asignó al azar como presos o guardias en una prisión simulada montada en el sótano del Departamento de Psicología. El ensayo debía durar dos semanas, pero se detuvo a los seis días después de denuncias de abuso y de una grave angustia emocional entre varios participantes.
El caso quedó como referencia en libros de texto y produjo películas y documentales, aunque después recibió críticas por supuestas fallas metodológicas y éticas. Entre ellas, el hecho de que los participantes no habrían sido informados por completo sobre los riesgos y la doble función de Zimbardo como investigador y superintendente de la prisión.





