Madrugó para estar seis horas en Maracaibo y cumplir con una apretada agenda de promoción. Luis Gerónimo Abreu no la tuvo fácil ayer y y ocultando los rastros de sueño con unos lentes oscuros llegó antes de las 9:00 de la mañana a PANORAMA para contar los detalles de su participación en la obra teatral Venezolanos desesperados, que se presenta el próximo 1 de mayo en el Aula Magna de la URU.
Directo y preciso; el actor no es de dar vueltas al momento de responder una pregunta. Galán por naturaleza, levantó el suspiro femenino y se sonrojó ante la picardía de las mujeres zulianas, esas que seguramente, el viernes, estarán en primera fila para admirar de cerca a su protagonista de novelas.
—Al levantarse de los asientos, ¿con que mensaje saldrá el público? —Con un un mensaje esperanzador, un mensaje tipo Disney, o más bien cuento de hadas. Es que este país, más allá de lo que esté pasando, puede surgir, tiene gente para salir adelante, es un país maravilloso. El público, por la experiencia que hemos temido, se ríe, llora, se le arruga el corazón. Salen con ganas de echarle pichón a la vida, de trabajar. Vemos muchas emociones encontradas en la obra, y eso es lo más atractivo o bonito que tiene el guión.
—¿Cuándo se ha sentido un “venezolano desesperado”? —Todos los días, y es que lees el periódico y te desesperas, ves el Twitter y te desesperas, yo jamás me he querido ir de Venezuela, aunque siento que todos los días me empujan. Estoy como agarrado del detector de metales en pleno aeropuerto. Yo creo que todos estamos desesperados. Sabemos que el país no está pasando por un momento fácil, estando de un lado o de otro.
—Entonces vive aferrado a la paciencia, ¿o no? —Sí, claro. Trato de no desesperarme porque cuando lo hago no me soporto ni yo mismo. No soy de explotar, soy de aguantar, pero cuando exploto soy insoportable. Puedo ser muy amargado, y lo peor es que se me queda, no se me quita fácil. Yo digo que no me arrecho nunca, porque cuando me arrecho es grave.
—Ha tenido la oportunidad de trabajar en el extranjero en varias ocasiones. Ahora, ¿bajo cuáles condiciones se volvería a ir de Venezuela? —Me iría por condiciones que me garanticen un futuro para mi hijo de tres meses. Cuando yo lo veo me pongo a pensar si vale la pena quedarse o no. Yo quisiera que mi niño se montara en una mata de mango, de mamón, que corriera en una patineta en la calle, que agarrara un carrito por puesto, como lo agarraba yo a los ocho años, para ir a jugar con mis amigos; que fuera a la panadería a comprar chucherías Me niego a pensar que la situación no cambiará. Yo tengo muchas esperanzas y hasta puedo rayar en lo pendejo. Soy un tipo optimista y creo que la crisis en este país puede solucionarse. Siempre he dicho que si me voy no sería una mudanza, sería momentáneo. Si yo decido vivir en otro país, tendría que dejar mis cosas aquí. No vendería nada. Yo necesito tener bases aquí. Esta es mi cuna. Vender aquí para comprar afuera me hace un nudo en la garganta.
—Fue galán en Caracol, TV Azteca y Telemundo. Le falta Televisa. ¿Es su asignatura pendiente? —Con Televisa no he trabajado; si fuese un álbum de barajitas, me faltaría solo esa para llenarlo. Ojalá se dé. Me gustaría hacer una telenovela allá porque esos productos tienen un alcance insólito, es un monstruo de empresa y llega a todas partes. Creo que México es la capital de la televisión y el cine latinoamericano.
—¿Se iría aun y cuando el personaje no fuera un protagónico? —Ante todo soy actor. Si el personaje me gusta, yo lo hago. Durante mucho tiempo en mi carrera perdí dinero porque le daba prioridad al personaje, antes que al sueldo.
—El año pasado lo vimos en dos telenovelas al mismo tiempo, ahora repiten “La viuda joven”. ¿Usted se niega a abandonar la pantalla? — Me niego a dejar de trabajar, por suerte el público no se ha cansado de mí. Reconozco que he tenido suerte y formo parte de un porcentaje de actores a los que la crisis no le ha afectado tanto. He tenido trabajo y eso lo agradezco.