Eugenio Montejo fue un poeta y ensayista venezolano, nacido en Caracas el 19 de octubre de 1938 y fallecido en Valencia el 5 de junio de 2008.
Fue fundador de la revista Azar Rey y cofundador de la Revista Poesía de la Universidad de Carabobo. Fue investigador en el Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos de Caracas, y colaborador de una gran cantidad de revistas nacionales y extranjeras.
En 1998 Eugenio Montejo recibió el Premio Nacional de Literatura de Venezuela y en 2004 el Premio Internacional Octavio Paz de Poesía y Ensayo. Uno de sus poemas es citado en la película estadounidense “21 gramos”, del director mexicano Alejandro González Iñárritu.
Montejo fue profesor universitario, gerente literario de la editorial MonteAvila de Venezuela. Trabajó como diplomatico en la embajada de Venezuela en Portugal en varias ocasiones.
Publicó poesía infantil con el seudónimo de Eduardo Polo. Entre estas obras destaca Chamario, de 2003.
El último libro de poemas de Montejo, Fábula del Escriba fue editado por la Editorial Pre-Textos.
Entre sus publicaciones más destacadas se encuentran El Taller Blanco de 1983, La Ventana Oblicua de 1974 y Alfabeto del Mundo 1986.
Algunos de sus poemas más destacados:
Amantes
Se amaban. No estaban solos en la tierra;tenían la noche, sus vísperas azules,sus celajes.
Vivían uno en el otro, se palpabancomo dos pétalos no abiertos en el fondode alguna flor del aire.
Se amaban. No estaban solos a la orillade su primera noche.Y era la tierra la que se amaba en ellos,el oro nocturno de sus vueltas,la galaxia.
Ya no tendrían dos muertes. No iban a separarse.Desnudos, asombrados, sus cuerpos se tendíancomo hileras de luces en un largo aeropuertodonde algo iba a llegar desde muy lejos,no demasiado tarde.
Escritura
Alguna vez escribiré con piedras,midiendo cada una de mis frasespor su peso, volumen, movimiento.Estoy cansado de palabras.
No más lápiz: andamios, teodolitos,la desnudez solar del sentimientotatuando en lo profundo de las rocassu música secreta.
Dibujaré con líneas de guijarrosmi nombre, la historia de mi casay la memoria de aquel ríoque va pasando siempre y se demoraentre mis venas como sabio arquitecto.
Con piedra viva escribiré mi cantoen arcos, puentes, dólmenes, columnas,frente a la soledad del horizonte,como un mapa que se abra ante los ojosde los viajeros que no regresan nunca.
Algunas palabras
Algunas de nuestras palabrasson fuertes, francas, amarillas,otras redondas, lisas, de madera…Detrás de todas queda el Atlántico.
Algunas de nuestras palabrasson barcos cargados de especias;vienen o van según el vientoy el eco de las paredes.
Otras tienen sombras de plátanos,vuelos de raudos azulejos.El año madura en los campossus resinas espesas.
Palmeras de lentos jadeosgiran al fondo de lo que hablamos,sollozos en casas de barrode nuestras pobres conversas.
Algunas de nuestras palabraslas inventan los ríos, las nubes.De su tedio se sirve la lluviaal caer en las tejas.
Así pasa la vida y conversamosdejando que la lengua vaya y vuelva.Unas son fuertes, francas, amarillas,otras redondas, lisas, de madera….Detrás de todas queda el Atlántico.
La poesía
La poesía cruza la tierra sola, apoya su voz en el dolor del mundoy nada pideni siquiera palabras.
Llega de lejos y sin hora, nunca avisa;tiene la llave de la puerta.Al entrar siempre se detiene a mirarnos.Después abre su mano y nos entregauna flor o un guijarro, algo secreto, pero tan intenso que el corazón palpitademasiado veloz. Y despertamos.
Los ausentes
Viajan conmigo mis amigos muertos.Adonde llego, van por todas partes,apresurados me siguen, me preceden,gentiles, cómodos e incómodos, en grupos, solos, conversando, paseando.A mi paso se mezclan sus huidizos coloreshasta envolverme en un lento crepúsculo…Tantos y tantos, cada quien en su estatua,y en torno siempre las máscaras del sueño.Y mi estatua también a su lado, flotando.Muertos de nunca habernos muerto,de estar en algún tiempo, en algún parque,juntos y apartes, conformes, inconformes,mudos, charlando, con voces, sin voces, en verdad ya ni vivos ni muertos:algo intermedio que tampoco es estatua,aunque tengamos ya de piedra los ojosy unos y otros nos sigamos, corteses polémicos,contentos de estar en la tierra y de no estar en ella,en eternas tertulias donde, se hable o no se hable,todo queda para después o para antes,para cuando no sabíamos que después era entoncesni que nuestras sombras de pronto levitaban visibles e invisibles en el aire.
Un instante de nuevo me reúno con ellos,conversando otra vez esta tarde, tan tarde,en un Café de ruidos urbanos, suburbanos…Es decir, bebiendo sin beber, un poco abstemios,pues los muertos no beben, pero beben a veces,juntos y alegres, aunque no tanto, sino alegres,con un trago o ninguno, pero con un trago,creyendo que el tiempo ya pasó y no ha pasado,y por eso pasó sin pasar, es decir, nunca pasa.Cada quien con un whisky sin hielo o con hielo,más cálido que frío, sin instante un instante,con el recuerdo que nada recuerda esta tardey por eso se acuerda ahora de todo…Bebiendo con ellos que fuman y charlan,que parten y vuelven, dialogan, discuten,hablando por hablar y a veces por no hablar,hasta decirnos qué de Picasso hay en la ausencia, cuánto cubismo en la manera de alejarnos,el modo de mirarnos con ojos verticalesy saludarnos con la mano a la inversa,la forma de beber un solo vaso rotoque ya no tiene vidrio ni licor ni volumenel modo de no beber creyendo que se bebey seguir todos juntos ahora que estoy solo.