Patricia Barrios
Los hechos y personajes son más interesantes que cualquier novela, aunque el final, está por escribirse. Se trata de la historia de un Nobel de lengua picosa (Mario Vargas Llosa), que tras 50 años de unión matrimonial emprende nueva aventura amorosa. Ella (Isabel Preysler), la protagonista de una vida en la que el Estado civil no fue fundido precisamente en hierro y luego, la mejor contraparte de todas, la esposa, madre y mujer herida, abandonada, encolerizada y vengativa (Patricia Llosa).
Amante de la autobiografía, no sería de extrañar que en un tiempo no muy lejano podamos adquirir la última pieza de Vargas Llosa en carátula dura, pero hasta entonces, habrá que conformarse con la prensa. Resulta que Don Mario, a sus 79 años, se ha enamorado locamente de Isabel Preysler, filipina de 64, más conocida por sus lazos afectivos con Julio Iglesias; con Carlos Falco, Marqués de Griñón; con el otrora ‘superministro’ de Felipe González, Miguel Boyer; y ahora con el afamado escritor.
Para querer ‘pasar desapercibida’, como ha dicho en algunas ocasiones, llama la atención el tino que esta dama ha tenido al relacionarse: un artista, un noble, un político y un escritor. Pero la historia no empezaría con ella, comenzaría con Patricia.
Corren los años 70 y con apenas 16 años, Patricia Llosa, actual señora de Mario Vargas Llosa, llega a París a estudiar literatura y francés. La espera un apuesto galán de 27 años, su primo, quien para la época reside allá y ya es un exitoso hombre de letras. El encuentro entre la chica ávida de aventuras y él solo podía arrojar un resultado, pero un detalle empaña el evidente panorama por venir: está casado. Ese matrimonio por cierto, no parecía fácil de diluir. Vargas Llosa tuvo que enfrentar a su familia y a la alta sociedad de su tierra natal, Perú, dado que su consorte (diez años mayor que él) era nada más y nada menos que su tía política, luego protagonista de la pieza considerada semiautobiográfica La tía Julia y el escribidor. Sin embargo, nada es eterno.
El primer escandalazo pronto fue desplazado por un ‘blablazo’ mejor, pues como dijimos, la dieciséis añera recién llegada pone el ojo en el primo escritor. Instalada en casa del matrimonio, comienza a salir con Mario a todas partes: cafés, galerías y teatros, hasta que la bomba explota.
Para 1964, el ‘escribidor’ se despide de la tía Julia de la única forma que sabe hacerlo, con un texto de por medio: “La vida que hemos llevado estos años es una prueba de lo erróneo que es cerrar los ojos ante la evidencia… es verdad que estoy enamorado de Patricia, y sé que no es una novedad para ti”, le declaró en una carta. Patricia se convierte entonces en la más extraña panacea, pues su hermana pasa a ser de él cuñada y los tíos suegros. Qué más da, en este mundo todo es posible.
Los allegados aseguran que ella funge como la mejor secretaria, su guía, madre de tres hijos y administradora. “Una puerta de acceso” para llegar a Mario, quien supo agradecer en su momento tal suma de habilidades. En 2010 al recibir el Nobel, él atinó a decir: “El Perú es Patricia, la prima de naricita respingada y carácter indomable con la que tuve la fortuna de casarme hace 45 años y que todavía soporta las manías, neurosis y rabietas que me ayudan a escribir. Sin ella mi vida se hubiera disuelto hace tiempo… ella hace todo y todo lo hace bien”. Tan importante era la presencia de la esposa-prima en su vida que pudo soportar hasta los chistes de amigos como Carlos Barral, quien al enterarse de cualquier nuevo desliz del inquieto escritor, atajaba: “No puede ser… esa chica no es familia suya!”, o del jocoso y siempre recordado García Márquez, quien le aseguraba a todos: “La próxima tiene que ser su hermana”. Pero no hay duda de que a este hombre le gusta protagonizar, así que la historia no quedaría ahí. Vuelve a la palestra “garras afuera” a anuncia la ruptura de un lazo de cincuenta años con Patricia, por Isabel, la filipina. Aparte de lo que implica para un hombre de su nivel un romance a estas alturas de su vida, hay que entender que la talla de ninguno de los protagonistas pasa desapercibida y la gente quiere sangre.
Al momento de publicarse la noticia por la que una de las más conocidas revistas españolas adelantó su salida para mostrar al mundo como bailaban y se besaban los tórtolos, los malos —que nunca faltan— sacaban cuenta para asegurar que las fechas de este romance, no coincidían.
Tanto Isabel Preysler como Vargas Llosa hablaron de un amorío de cuatro meses de antigüedad, en un intento por aguar las habladurías (Isabel queda viuda en 2014), pero el propio hijo del escritor se encargó de sabotearlos. “Lamento profundamente ese exhibicionismo innecesario que se ha visto en la portada de esa revista del corazón, sobre todo tratándose de una relación que nace de una infidelidad”, dijo Gonzalo Vargas Llosa. Es obvio que Gonzalo se refiere a que la relación surge mientras sus padres siguen casados pero ¿será que sabe algo más? En 1986 Isabel trabajaba para la revista Hola, donde le encargaron entrevistarlo. A partir de ahí no fueron pocas las ocasiones en que se encontraron y hay quienes dicen que siempre se evidenció la atracción. Sea cierto o no, la mesa está servida.
Los hijos del otrora candidato a la presidencia de Perú se han volcado hacia la madre, los amigos de la pareja, aseguran que habrá guerra pues Patricia no aceptará un divorcio, y a él no le ha quedado de otra que agregar “esta vez es verdad”. Tanto es el interés en separarse, que el escritor ofrece la mitad de su fortuna calculada en diez millones de euros por un poco de tranquilidad. Isabel por su parte luce tranquila, acostumbrada a capear temporales, no en balde pasó de ser ‘la china’ a ‘la perla de Manila’. Pero la última palabra no está dicha, el final está por escribirse.