Simplemente creyó. A Miguel Rodríguez Ballestero le gusta cantar y soñar en grande. Supo que detrás de voces prodigiosas como la de Celine Dion, Andrea Bocelli, Whitney Houston, Mariah Carey, Michael Boublé y hasta el mismísimo Michael Jackson, estaba un el productor chileno Humberto Gatica, y apuntó a trabajar con él.
Buscó su correo electrónico y le escribió. No faltó quien se riera y lo llamara loco, iluso. Y un buen día, manejando su carro por Maracaibo, recibió la llamada que le cambió la vida. Los latidos del corazón no le permitían atinar a seguir viendo la carretera. Se orilló y le respondió la llamada al célebre Humberto Gatica, quien tiene en su haber una decena de Grammys por discos producidos a artistas consagrados, y el año pasado, la Academia de los Grammy Latino reconoció su trayectoria.
—¿Tienes disco grabado? —preguntó el destacado productor radicado en Los Ángeles, Estados Unidos. —No. —respondió Miguel—. —¿Y fama allá en tu país? — Tampoco. —¿Entonces qué tienes? —“Solo me acompañan Dios y mi voz”, respondió Miguel con sobrada fe.
“Él me dijo que para que él me hiciera un disco necesitaba demasiado dinero. Pero que me daba la oportunidad de escucharme y para ello debía ir a su estudio en Los Ángeles”, contó Miguel Rodríguez, cuyo nombre artístico es Miguel Delabarca, haciendo honor al apellido materno de su madre. Aunque en la capital zuliana, por su voz, es llamado “El Michael Boublé maracucho”.
Un “Boublé” criado en el sector Belloso, en el seno de una familia cristiana evangélica. Su padre era dibujante en la Universidad del Zulia, al mismo tiempo que dirigía coros cristianos.
“En mi casa yo me encontré rodando un cassette de Steve Green, un tenor cristiano y yo lo escuchaba e imitaba su voz. Me encantaba. Pero no caía en cuenta que podía ser cantante. Quería ser pianista. Entonces estudié en el Conservatorio José Luis Paz y luego Música en la Universidad Cecilio Acosta, pero no terminé porque la formación estaba enfocada a la docencia y yo quería ser músico ejecutante”.
Fiel a su creencia cristiana, se dedicó a trabajar con una organización evangélica internacional llamada Se necesita un milagro, que se dedica a llevar a ayuda a niñoscon problemas sociales, y por ello se le daba una remuneración mínima.
“Ante la crisis económica mundial esa organización dejó de trabajar. Me quedé desempleado a los 25 años. Me dediqué a taxiar, hacer traducciones y a tocar piano en sitios nocturnos. Siempre me escondía detrás del instrumento. Era muy tímido. Pero me daba cuenta que cuando cantaba a la gente le gustaba, y ante la competencia de músicos que tocan en fiestas, decidí tocar y cantar para ser más competitivo”.
Tras la llamada de Gatica vino el cambio de vida. Para poder ir a Los Ángeles, Miguel pidió apoyo a empresarios en cuyas fiestas lo conocían por su talento vocal y ya hacía meses lo habían ayudado a grabar tres canciones New York New York, Contigo, de Frank Quintero; y Por tí, una canción de su autoría. Le dieron el respaldo para irse.
“Me fui con el dinero justo. Pagué un hotel barato y de allí me iba a pie, caminando ocho cuadras para el estudio de grabación de Gatica. Rebajé unos 30 kilos. La primera vez que llegué, me puso frente al micrófono y me dijo: ¿Sabes la responsabilidad que tienes al cantar allí donde ha cantado Michael Jackson, Celine Dion, Barbra Streisand, Andrea Bocelli, Mariah Carey, Whitney Houston, Michael Boublé, Elton John, Cher, Madonna, Metallica”… Y así, la lista no paraba.
“No me salía la voz, luego de que me dijera esa lista. Me dijo: “Tampoco es para que salgas corriendo, canta’. Luego de escucharme me recomendó varios coach vocales y así asistía a su estudio durante un año y medio”. “En ese lugar aprendí a dejar la timidez y sentir la música para poder transmitir emociones con mi canto. Y eso es lo que quiero hacer toda mi vida”.
Luego de ese año, Miguel Delabarca sigue cantando en bodas, cumpleaños y otros eventos. Tiene en preparación su disco y asegura, que de todo lo que aprendió, hay algo que nunca olvida: “Todos los sueños son posibles”.