El Festival de Cine de San Sebastián arrancó con la proyección de Ghost song, una propuesta cinematográfica de carácter onírico y poético dirigida por Fatih Akin. La obra, rodada principalmente en blanco y negro, aborda el amor y el duelo a través de una historia fantástica donde los protagonistas logran trascender los límites de la vida terrenal.
Competencia oficial y argumento
La producción compite oficialmente por la Concha de Oro frente a otros dieciséis filmes de la sección principal del certamen, cuyas proyecciones se extenderán hasta el próximo 26 de septiembre, fecha en la que se dará a conocer el palmarés de la actual edición.
En el relato, los personajes Farasha, interpretada por Mariam Dawoud, y Faris, encarnado por Eren M. Güvercin, tienen 20 años al conocerse durante una fiesta de graduación. Sin embargo, la joven fallece esa misma noche, descubriendo posteriormente un método para cruzar la frontera entre mundos y encontrarse con Faris durante cuarenta noches en sus sueños.
Un origen familiar y un reflejo del dolor personal
La génesis de la historia surgió de una sugerencia del hijo de diez años del director, quien le propuso plantear una amistad entre un niño fantasma y otro vivo en un momento de crisis creativa para el realizador germano-turco.
El proyecto maduró con el paso de los años y cobró un nuevo sentido emocional tras el fallecimiento del padre del cineasta en Turquía, un suceso que le impidió asistir al funeral y avivó su deseo de abordar los rituales de despedida y la gestión del dolor a través del arte cinematográfico.

