Resonó muy fuerte el vozarrón de Víctor Rodríguez (Machiques, 13/11/1957; Maracaibo, 10 /03/ 2015). Esta vez (re-de)construida en las trémulas figuras de Taboga, Merecumbé y La Nini, los tres personajes de Zoña aledaña, la pieza teatral póstuma que estrenara, el pasado jueves y viernes, en la sala baja del Museo Luis Chacón, el maestro Henry Semprún.
Cincuenta minutos de desopilante escarnio, muy bien actuados por los sorprendentes nuevos valores de la actuación local, Juan Escalona, Leiver Valera y Ángel Vargas.
Al final de la función, la propia llama herida de Semprún, increpaba la escasa solidaridad institucional requerida para esfuerzos artísticos de esta naturaleza. Retumbaba el aullido del propio Víctor, para quien todo era “Cuestión de amor. Amor del simple, del más común, del que más duele…”.
Pero estos milagros del oficio creador insurgen así, espontáneos, en mitad de las crisis más apremiantes y así, hemos asistidos a una representación delirante, cargada de sugerentes matices que revelan las claves dramatúrgicas de nuestro bienamado Víctor, El hombre del traje amarillo.
