Ricardo Pineda/Especial Beverly Hills
A Patricia Reyes Spíndola le ha tocado interpretar el segundo acto de su vida. Recordada por sus papeles de villana y madre abnegada en telenovelas de su México natal, como Fuego en la sangre y el unitario Mujeres: Historias de la vida real, ahora pasa a formar parte de la serie norteamericana Fear the Walking Dead, que estrena primera temporada el domingo en AMC.
Interpreta a una esposa y madre devota que vino con su marido a Estados Unidos para escapar del acoso político en El Salvador hace muchos años. Esperó y dio a luz a su única hija para darle una mejor vida que ella nunca tuvo. Es profundamente religiosa y encuentra consuelo a través del rezo. Pero eso no la protegerá del mundo apocalíptico que se aproxima: los zombies en la ciudad de Los Ángeles. “Me siento muy honrada de ser la primera actriz mexicana que pasa a formar parte del universo de ‘The Walking Dead’ y que mi compañero de trabajo no sea otra persona que Rubén Blades, quien hace de mi marido. Es de impacto. Es un hombre inteligente y divertido, al igual que el resto de los actores. Me sentí muy cobijada por todos, a pesar de la barrera del idioma. Cuando vengo a Hollywood me toca ‘picar piedra”.
—¿Es Hollywood su mayor reto? —Solo por el idioma, aunque ya tengo experiencia en la industria cuando participe en “Frida”, “Antes que anochezca” y “Los hijos de Sánchez”, con Anthony Quinn. Hablo solamente español en la serie, y no estaba previsto así. La dinámica es que los diálogos con Rubén (Blades) son en nuestro idioma y él habla inglés con el resto de los personajes. El hecho que no domine el inglés no significa que no entienda lo que está pasando o lo que están diciendo los demás. Griselda lo sabe todo (risas). También el estar en un ambiente que no es el tuyo, estar fuera de tu zona de confort es un reto mayor.
—¿Se había propuesto alguna vez huir de los zombies en una serie? —A estas alturas de mi vida… tengo 42 años de carrera artística. Padecí cáncer en el 2011. Todo lo que me llega es solo para agradecer al universo y a Dios. No me falta nada más que tener la capacidad de vivir lo que me está llegando.
—¿Qué le aporta Griselda a su vida? —A pesar que hablo poco y que al latino siempre lo pintan como el macho mexicano, en este caso sí es una mujer muy sumisa. Pero es severa con su esposo a la hora de hacer lo correcto. Hay una escena donde Daniel, mi marido, se niega a abrirle la puerta a unas personas que corren por su vida y yo le hago entrar en razón para que lo haga. Siempre le pongo la mirada. A la final es muy mandona, como todas las latinas (risas).
—¿Se siente más a gusto haciendo series, telenovelas o cine? —Mira, yo hago de todo. He participado en muchas películas de mi país, no solo en telenovelas y unitarios. Con el director Arturo Ripstein acabo de hacer un nuevo largometraje que se titula La calle de la amargura. Recientemente me enteré que fuimos seleccionados para el festival de cine de Venecia y Toronto. En televisión muchas veces me ha tocado hacer de la madre abnegada o la mala muy mala. Hay actrices que solo hacen el papel de buenas, a mí me ha tocado hacerlas todas, hasta de asesina.
—Pero en cuanto a la dinámica de trabajo, ¿qué le asienta mejor? —Hollywood es Hollywood, mucho más producción. Los efectos especiales son fantásticos. Hay tanto talento detrás de cámaras. Yo incluso me fotografié con los extras usando maquillaje de zombies. Me hice fanática. Hay mucho más trabajo aparte de los que dan la cara. El guión es importante, la visión del director debe ser precisa. Hay elementos que no capto bien cuando estamos en rodaje, pero cuando ves el producto final te das cuenta y te sorprendes como cualquier persona.
—Es un logro que los latinos empiecen a formar parte de las series norteamericanas? —Creo que por fin se dieron cuenta que los latinos en Estados Unidos ya realmente representamos un número muy importante. Qué bueno que se están dando cuenta los productores americanos que tienen que abrir ese espacio, que los latinos deben ser latinos. Los actores se lo vamos a agradecer mucho tener una puerta abierta, que antes no la podíamos tener a menos que vivieras aquí, como lo hicieron Salma Hayek o Kate del Castillo. Los actores que no queremos vivir en Hollywood pero sí hacer cosas aquí y regresar a nuestras casas. No, yo ya probé suerte toda mi vida. Soy mexicana, no tengo mayor intención que vivir en Ciudad de Mexico y en mi casita en San Miguel de Allende. De ahí iré a trabajar donde me inviten. Pero mi país es mi casa.
—La serie aparece en el momento preciso cuando el precandidato Donald Trump denigra de los latinos. —El señor Trump piensa que todos los latinos son mexicanos. Él no divide, nos agrupa a todos por igual. Pero no quiero hablar más sobre el tema.
—¿ Qué haría en caso de la llegada de zombies? —Buscaría a mi familia primero. La única arma que te sirve es la fe. Como hace Griselda, mi personaje.
—¿La fe ayudó cuando padeció cáncer? —A mí la fe me ayudó cuando supe que tenía cáncer en 2011. Eso tomó un momento protagónico en mi vida. Cuando te dan una noticia así enfrentas una especie de apocalipsis, porque al final lo que sucede afuera en el mundo nada importa. Lo que está pasando con tu cuerpo es el apocalipsis. Yo no solamente le pedí a Dios sino a los santos, a toda la corte celestial. Fue algo que a mí me apoyó mucho durante ese período. Así que cuando asumí a mi personaje en “Fear the Walking Dead” ya venía preparada (risas). Me salvaron los doctores, la ciencia, pero la fortaleza al final me la dio la fe. Al final los creyentes sabemos que la palabra final la tiene Dios.
—Se requiere de mucha fuerza, ¿no cree? —¿Hablas del cáncer o de hacer la serie de television? (Risas). Un día en el patio de la casa que había comprado, recién operada, ya me habían quitado el seno, le reclamé a Dios que me dejara disfrutar de mi casa y mi vida por un tiempo más. Lloré un poco, porque no soy de mucho llorar. Y, bueno, así fue. Entonces empezaron a llegar todos los exámenes limpios y después me ofrecieron la serie.
—¿Le era muy difícil asumir escenas de cierta condición física? —También el recuperarte de una enfermedad es un trabajo físico y mental. Pero para correr, brincar y pegar patadas en la ficción para eso hay un “chingo” de dobles que lo hacen por ti, así que me las ahorré (risas).