Espectáculos

Emilio Lovera: “Ahora solo hay programas de chismes y jueces en la TV venezolana”

En el rostro de Emilio Lovera Ruiz mora una multitud que, a su vez, puebla la memoria colectiva del venezolano. Focofijo, El Chunior, Chepina, Perolito, El Guaperó, Jairo Restrepo El Colombiano y muchos presidentes latinoamericanos, sin contar las “mil voces” que puede mimetizar con solo proponérselo.

Ese prestidigitador de voces y rostros, que durante 23 años trabajó para Radio Caracas Televisión y durante 10 laboró en Radio Rochela, el mayor ventanal de exhibición para su arte, estuvo junto con su amigo y colega del humor Laureano Márquez en el Centro de Arte de Maracaibo Lía Bermúdez, el 28 de febrero, cerrando el que llaman “mes del amor”, con su show Laureamor y Emidilio, un espectáculo escrito por ambos e interpretado juntos desde hace 14 años.

El show cuenta las etapas del enamoramiento, desde el flechazo, el enamoramiento, el noviazgo, el matrimonio, el divorcio, hasta el desencanto y finaliza en la reincidencia. “Si la reincidencia sucede con la misma persona, puede ser un castigo de la vida. Pero eso pasa”, bromeó de entrada el comediante en una amable conversación telefónica en la que también quiso compartir en la entrevista la primicia de que en julio de este año traerán a Maracaibo un espectáculo nuevo llamado Radio Rochela la gran cruzada del buen humor. “Eso es un proyecto de este año y es lo que hemos hecho más cercano al programa en todos los tiempos”, adelantó para luego reflexionar sobre ese show y el humor como oficio que bien ha sabido ejercer y defender.

-¿Ese espectáculo lo crearon por petición del público o como una iniciativa propia?

-Era obvio que al cerrar Rctv, y al cerrar el programa más antiguo de la televisión venezolana, la gente iba a desear que volviera, pensando o no que se podía hacer en vivo, y así nos lo hacían saber. Entonces   muchos productores supieron interpretar ese sentimiento del público y se les ocurrió la idea.

 

-Siendo sus inicios artísticos en Radio Caracas Radio, ¿nunca se plantearon llevar Radio Rochela al medio de los oyentes?

-El problema de la radio es que un programa semanal no tiene el mismo efecto, ni produce la misma impresión que un programa diario. Y uno diario nos limita. De hecho, en un tiempo tuvimos Laureano y yo un programa con mucho éxito, pero nos limitaba los espectáculos. Porque era de 5:00 a 6:00 pm y ya a esa hora no podíamos agarrar un vuelo para ir a trabajar. Se presentaban los inconvenientes y no duramos ni dos años. Pero no descartamos que cuando las generaciones de relevo ocupen las casillas que actualmente nosotros ocupamos, podamos hacer radio.

 

-Y ya que el país asoma un cambio, de modificarse el escenario en los canales de televisión, ¿se han planteado volver a la pantalla chica? 

-La televisión no ha vuelto. El gran monopolio de los medios sigue en poder del Gobierno. Entonces veo eso un poco lejos todavía.

Por otra parte, han pasado ya nueve años del cierre de Rctv, y en nueve años pasan muchas cosas. Ha muerto gente, se han retirado, se han cambiado de ramo, se han mudado del país. Entonces la Radio Caracas va necesitar tiempo para establecerse. Las costureras van a necesitar tiempo para aprender a coser a la velocidad y a la efectividad que cosían para el Miss Chocozuela, por ejemplo. Los utileros,  tramoyas,  carpinteros,  escenógrafos y decoradores van a tener que entrenarse para hacer esas escenografías extraordinarias que jamás logró ni Venevisión, ni Televen. Para volver a la Radio Caracas de oro, la de los ciclos de Uslar Pietri y Rómulo Gallegos, los cuentos,  las novelas históricas como Estefanía y Gómez… Bueno, para llegar a eso, hace falta mucha academia. Porque lo que se cerró fue una escuela. La escuela de la televisión venezolana.  

Ahora tenemos solo programas de chismes y de jueces. Un ataque contra la cultura y la calidad. 

 

-Quizá tenga que ver también con que el raiting emigró a la internet y la televisión por cable y satélite…

-Es así. Es exagerado ver que antes Rctv ganaba el raiting en un universo de 16 millones de televidentes, mientras que hoy lanzan cohetes por ganar el raiting con 700 mil personas, que solo ven esos programas de chismes y de jueces que están dilucidando si una pareja de casados se puede separar porque el hombre tiene el pene muy grande. Eso es lo que estamos viendo. Todo un ataque a la calidad y a la cultura.

 

-También hay una proliferación de stand up comedy, ¿eso obedece a la falta de espacio en la televisión o realmente se está desarrollando ese género?

-Tiene que ver lo primero. El oficio de comediante era muy mal visto antes. Si en una familia alguien quería ser músico era una desgracia porque había que ser médico, arquitecto, ingeniero. Pero si querías ser comediante, era preferible fueras músico. Mi papá me decía: “¿Tú crees que va a vivir de esa mamadera de gallo toda la vida?”. Entonces tuvimos que adecentar la imagen del humorista como trabajador. Nos costó mucho trabajo salir de esa época en que el portugués dueño de la cervecería de la esquina me decía: ‘Mira quédate afuera por la calle, y después yo te llamo para que vengas a echar los chistes y después te pongo un plato de comida ahí’.

Para ser humorista tenías que tener dotes para acentuar, imitar, hacer voces, calcar gestos, actuar. Para el stand up no se necesita eso, solo se requiere identificar situaciones graciosas y redactarlas de tal forma que la gente las entienda y se ría. Así el espectro se amplía. Con mucho respeto, sin ánimos de ofender: el ‘standopero’ es al humor lo que el ‘reguetonero’ a la música. Por supuesto, hay reguetoneros muy buenos, pero hay una proliferación gigante.

 

-Ha comentado, que de sus personajes Jairo Restrepo, El Colombiano,  le trajo muchas satisfacciones por la aceptación inmediata del público, ¿ha pensado hacer un show solo con él?

-En los años 90 tenía yo 29 años cuando hacía a El Colombiano y no era sencillo porque los dolores en la espalda que me daban por estar arrodillado no eran normales. Y un sketch duraba 15 minutos, por lo que entre ensayo y sketch podía estar caminando y bailando sobre unas rodilleras una media hora. Ahora imagínate un espectáculo teatral de una hora y media. Con esta edad es imposible. Puede ser que lo haga como una aparición fugaz.

 

-¿Es verdad que, contrario a sus shows, en persona casi no sonríe?

-Es época de serio. Pero yo siempre sonrío. Lo que pasa es que la gente no nota la sonrisa. Otros no quieren que sonría, sino que les haga un espectáculo gratuito. El venezolano generalmente no quiere pagar, sino que le des la entrada en vip y con alcohol incluido. Nosotros (Laureano y él) hacemos espectáculos desde hace 30 años y, gracias a Dios, siempre hay un buen público que nos considera buenos como para pagar una entrada.

 

-¿Fuera del país los valoran más?

-Nos sentimos muy halagados con la opinión del colombiano, el argentino y el mexicano, sobre el humorista venezolano. Nos tienen en muy alta estima. Lo que pasa es que no somos muy populares allá porque nunca tuvimos una promoción televisiva eficiente.

 

-De hecho usted ganó el segundo lugar de un concurso internacional de humor en Argentina…

-Si, porque el que se llevó el primer lugar fue Laureano Márquez. 

 

-Usted ha contado que con el humor superó el bulling de la escuela. ¿sanó todos sus complejos?

-Los complejos van muy mejorados. No estoy curado. A veces tengo recaídas, pero estoy mucho mejor que al principio.

 

-Ya que cree en el humor como bálsamo, ¿recuerda un caso de gente que sana de algún mal con el humor que usted le provee, puede compartir una anécdota que sirva de ejemplo?

-Nosotros estamos llenos de esas historias.  Ya que a ti te gusta el enanito colombiano Jairo Restrepo, te cuento que una vez tuvimos un caso en Radio Rochela de una señora de señora que quería hablar  con nosotros, y pidió que si podía llevar a su hijo a la grabación. Ella agregó que su hijo era retraído y huraño, no compartía con amigos. Y después de haber visto  Radio Rochela se convirtió en un chico popular. Cuando lo llevó al programa vimos que se identificaba con Jairo Restrepo, porque era muy bajo de estatura. Disfrutó mucho la visita al programa. Se tomó fotos con todo el elenco.

 

-¿Y cuál ha sido la risa más difícil de sacar?

-Nosotros hacemos obras de caridad. Y una vez fuimos al Hospital Infantil de San Bernardino. Fuimos a la Unidad de Enfermedades Infectocontagiosas. Casi todos los niños tenían sida o dengue. Les llevé un San Nicolás y un juguete para cada niño según las edades. Todos los niños estaban felices. Pero una niña no sonrió. Porque ella tenía en la enfermedad en la piel y tenía todo el cuerpo vendado, lo que le impedía agarrar su muñeca. Solo se le veían los ojitos y no sonreía. Guapié y traté de hacerla reír. Pero no pude. Eso me impactó muchísimo.

 

-¿Hay planes de retomar la Isla Presidencial?

-Los tres productores que hacían esto no me han llamado más para retomarlo. Me gustaría que lo hicieran porque lo que hagan los presidentes latinoamericanos es una fuente inagotable de ideas. Y pese a lo que la gente piensa, Venezuela no es un país para hacerse millonario. A menos que seas un delincuente o trabajes con el Gobierno. Y como yo no lo hago, no tengo los recursos suficientes para hacer una serie animada. Quienes hacían la Isla Presidencial invirtieron dinero propio para producir eso y se arruinaron. Y cuando lograron que ciertos anunciantes dejaran el miedo y lo apoyaran, ya era tarde.

 

-Y que tal si fueran sus personajes los que se vieran animados, ¿nadie se lo ha propuesto?

-No. Pero sería buenísimo, me encantaría… Quisiera ver al Chunior como un muñequito en el retrovisor de mi carro.

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