La hemos visto ciega y desorientada, huyendo de monstruos en un caserío remoto. También como una arrogante ama de casa de Mississippi y como gerente de un parque temático de dinosaurios. Hija del director canadiense Ron Howard y de la actriz y guionista Cheryl Alley, Bryce Dallas Howard es la mayor de cuatro hermanos. Trabajó desde niña como extra en algunas de las películas de su papá; se formó en el Estudio de Actuación Stella Adler y después se graduó en Drama en la Escuela Tisch de Artes de la Universidad de Nueva York, en 2003. Luego de trabajar en cintas de M. Night Shyamalan como La aldea y La dama en el agua, y de sus participaciones en Manderlay, Spider-Man 3, Cartas cruzadas, la saga Crepúsculo y Jurassic World, su nueva aparición en la gran pantalla es en la película Mi amigo el dragón, una nueva producción de Walt Disney Studios que reinventa el clásico musical Pete’s Dragon. En esta la actriz de 35 años de edad interpreta a Grace, una guardaparques que descubre la amistad entre un niño huérfano y un colosal dragón.
–¿Cómo fue para usted interpretar a Grace? –Es divertido hacer algo distinto. Lo amé porque cuando no interpreto villanas, encarno a mujeres que están muy desubicadas o muy mal encaminadas en la vida (risas). Este personaje es todo lo contrario a eso: es una mujer que dedica su vida al cuidado de la naturaleza y que además tiene una sensibilidad muy nutritiva hacia quienes la rodean. Grace pasa por todo ese viaje de convertirse en una madre, que es algo con lo que me identifico porque yo también soy mamá y tengo dos niños.
–En esta ocasión vuelve a actuar con reptiles gigantes y animados por computadora. ¿Sintió que tenía ventaja frente a sus compañeros de set al actuar con un dragón? –¡Fue muy emocionante! (risas). Lo mejor de trabajar con tecnología emergente es que cambia constantemente. Recuerdo una escena en la que Robert Redford y yo teníamos que actuar en un bosque y nos dijeron que teníamos que mirar hacia un punto anaranjado, que es donde estaría Elliot, el dragón. Lo bueno es que ahora puedes ver un poco más de lo que están haciendo en el departamento de efectos visuales antes de rodar algunas escenas. Tuvimos pequeñas proyecciones donde nos mostraban lo que estaban haciendo y a pesar de que esos efectos eran todavía un poco rudimentarios, nos ayudaban a entender con qué actuábamos. Nos mostraban a este dragón que podía ser muy fiero o también muy juguetón, como un cachorro.
–¿Cómo fue filmar esta cinta en Nueva Zelanda? –Fue increíble. Es un país enorme pero con poca población y con paisajes que aún se mantienen intactos. Para mí es un lugar que más bien parece una utopía. Había ido hace como 30 años con mi papá cuando él rodó una película que se llamó Willow y volver ahora con mi propia familia, a trabajar en una cinta en la que también sale un dragón, fue especial. Es uno de esos momentos asombrosos que siempre voy a recordar.
