La artista reveló los efectos más dolorosos de la depresión contra la que lleva años batallando. Pensar en su madre la ayudó a enfrentar sus demonios y a solicitar ayuda profesional.
A sus 18 años recién cumplidos, la cantante Billie Eilish ha vuelto a echar mano de la franqueza y la naturalidad con la que siempre se expresa en público para sincerarse, en esta ocasión, sobre uno de los períodos más convulsos de su vida: una etapa marcada por los efectos más dramáticos y dolorosos de la depresión contra la que lleva años batallando y, al mismo tiempo, por los pasos de gigante que ya estaba dando en dirección al estrellato pop.
A través de la emisión, el jueves 23-E, de una entrevista en profundidad concedida a la cadena estadounidense CBS, la intérprete ha querido revelar al mundo que, hace solo dos años, llegó a considerar seriamente la idea de quitarse la vida durante un viaje a Berlín, un episodio al que hace referencia en uno de los temas más populares de su exitoso disco debut: ‘When we all fall asleep, where do we go?’.
«El año pasado (en referencia a 2018) me sentía profundamente infeliz, era infeliz y no era capaz de encontrar nada que me subiera el ánimo. Honestamente, llegué a pensar que no llegaría a los 17», confiesa la joven artista en su conversación con la periodista Gayle King, quien le pregunta, justo a continuación, sobre el trasfondo de la frase ‘Quiero acabar conmigo’ incluida en el sencillo ‘Bury a Friend’.
«Sí, llegué a pensar en ello una sola vez, cuando estaba en Berlín, sola en mi habitación de hotel y tras darme cuenta de que había una ventana. Recuerdo que me puse a llorar desconsoladamente al pensar en la forma en que iba a morir. Estaba decidida a hacerlo», asegura la artista con un admirable estoicismo dada la gravedad de su experiencia.