El 21 de octubre de 1982, el escritor Gabriel García Márquez recibió el premio Nobel de Literatura, lo que lo llevó a convertirse en el primer colombiano y el cuarto latinoamericano en conquistar el máximo galardón.
El premio le fue otorgado «por sus novelas e historias cortas, en las que lo fantástico y lo real son combinados en un tranquilo mundo de imaginación rica, reflejando la vida y los conflictos de un continente», según la laudatoria de la Academia Sueca.
La adjudicación del premio Nobel de Literatura a Gabriel García Márquez no causó sorpresa en los medios suecos, sus obras eran ya conocidas por la crítica especializada y por un amplio sector de lectores. Varias de sus obras habían sido traducidas al sueco.
Al aceptarlo dio el discurso que tituló La soledad de América Latina una reflexión que vale la pena recordar una y otra vez, en el dejó plasmada su visión sobre Latinoamérica:
-«América Latina no quiere ni tiene por qué ser un alfil sin albedrío, ni tiene nada de quimérico que sus designios de independencia y originalidad se conviertan en una aspiración occidental».
-«Poetas y mendigos, músicos y profetas, guerreros y malandrines, todas las criaturas de aquella realidad desaforada hemos tenido que pedirle muy poco a la imaginación, porque el desafío mayor para nosotros ha sido la insuficiencia de los recursos convencionales para hacer creíble nuestra vida. Este es, amigos, el nudo de nuestra soledad».
-«La interpretación de nuestra realidad con esquemas ajenos sólo contribuye a hacernos cada vez más desconocidos, cada vez menos libres, cada vez más solitarios».
-«La solidaridad con nuestros sueños no nos haría sentir menos solos, mientras no se concrete con actos de respaldo legítimo a los pueblos que asuman la ilusión de tener una vida propia en el reparto del mundo».