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¿Qué pasa con el amor cuando se emigra? Las reflexiones de Carlos Fraga

Por razones valederas, la primera actriz Elba Escobar le bautizó como “el parejólogo de Venezuela”. Con 25 años de estudios  en materia de parejas y amor, Carlos Fraga regresará a Maracaibo el próximo jueves, 6 de agosto, al Teatro Bellas Artes con la conferencia Hombres, mujeres, sexos sin guerra; y el 8 presentará “Amor, pareja y relación”, en el Hotel Intercontinental.

 PANORAMA le entrevistó para conversar sobre las temáticas que más preocupan a las parejas venezolanas en la actualidad, entre el “boom” de la emigración, la inmediatez y los tiempos cambiantes en los que vivimos:

—¿Se ha perdido en la sociedad el concepto real del amor?  —Definitivamente, porque andamos a una velocidad demasiado grande, con exigencias que no nos permiten centrarnos en los verdaderos valores, sino en los inmediatos y eso está ocurriendo en el planeta entero. Tenemos por trabajo rescatar esos valores y tratar de hacer de ellos algo que de verdad nos funcione para vivir.

—¿Cómo lograr estabilidad en el amor en tiempos de crisis?  —Lo primero es evitar que la pareja se contamine. Cuando uno llega a la casa debe respirar, tratar de no conectarse con cosas que  no puedas cambiar para no toxificar a la pareja.

—Ahora muchos buscan emigrar. ¿Estamos preparados para el amor a distancia? ¿Cómo tomar esta decisión? —Emigrar es una decisión muy seria porque involucra demasiado. No es solo cambiar de casa, es cambiar el sentido de país. Cuando uno deja la patria, deja a “la madre”. Es, en cierta forma, una mutilación. Son decisiones para tomar no solo en pareja, sino en familia para que salgan desde lo más profundo y sean válidas para todos. Hay que tomar en cuenta: lo importante, que tiene que ver con seguridad, trabajo, objetos; y lo sagrado, lo que dejo: amigos, nuestras raíces.

—¿Cómo cultivar la paz emocional en estos tiempos? —Hay tres reglas básicas: No conectarnos con aquello que no podamos cambiar. Volver a uno mismo, es decir, darse tiempo para respirar, sentir, conectar, detenerse. No perder el eros, que tiene que ver con la conexión con los otros, con esa pareja que quizás llega a la casa harta de todo lo que ha pasado en el día, pero le hace propuestas románticas al otro. 

—¿El venezolano es maduro en materia de amor? —Somos muy adolescentes en cuanto al amor. Demasiado ligeros, porque  nos apasionan las cosas rápidas, inmediatas. Damos  todo por hecho: “Me casé, tengo hijos contigo y, por lo tanto, ya el amor está listo”. Y el amor es una cosa que se hace, se cultiva y decide todos los días. 

—¿Cuál es la guerra más común entre hombres y mujeres?  —No creo que sean cosas tan fijas. Lo que enseño en esta guerra es a conocerse. En la medida en que yo te conozco y te quiero, me puedo acercar a ti, pero desde el respeto. Y el otro debe hacer lo mismo. Siempre que haya respeto hay posibilidad de que cedamos terreno y de que nos encontremos. El problema está cuando desconozco tus verdaderos puntos y te atropello.  

—¿Por qué la gente actualmente le teme tanto al compromiso? —Porque el compromiso es difícil, exige una posición interna de toda la vida, así no dure toda la vida. Porque requiere primero un compromiso conmigo, que la mayoría no tiene. Yo no me puedo comprometer con nadie si primero no lo hago conmigo.

 

 

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