Urda, en la provincia de Toledo, quedó convertida en un centro improvisado de auxilio tras el accidente de trenes ocurrido a unos 8 kilómetros del pueblo, donde vecinos, sanitarios y bomberos se concentraron para atender a los heridos y trasladarlos.
La escena, marcada por sirenas, ambulancias y personas desorientadas, sorprendió a residentes que se volcaron de inmediato en la atención a los afectados. Algunos llevaron agua y comida al pabellón municipal, mientras otros usaron sus propios vehículos para mover a heridos.

La reacción vecinal fue inmediata. Soraya Rodríguez, propietaria de uno de los supermercados del pueblo, contó que empezó a repartir el agua, la leche y otros productos que tenía en el local cuando vio llegar personas a pedir suministros. También prepararon bocadillos, ofrecieron fiambre, fruta, guantes y vasos de plástico, y parte de lo que se entregó fue donado por vecinos que quisieron colaborar.
Desde su bicicleta, Alejo García de Blas, de 70 años, vio el tren detenerse, siguió su recorrido y luego escuchó “como una explosión de una bomba”. Al volver al sitio del choque ayudó a retirar una valla para facilitar el acceso de los vehículos de emergencia y orientó a ambulancias y autos que llegaban sin saber por dónde entrar.

José Luis Díaz García, agricultor y ganadero de 69 años, llegó a una zona a la que no se podía acceder desde el punto habilitado para la prensa y describió la escena como “una zona de guerra”. Entre lo que más lo marcó, dijo, estuvo una mujer embarazada de siete meses que fue localizada herida y con la cara ensangrentada. “No hay palabras para describir tanto dolor”, afirmó.
Familias en Toledo
Horas después, parte de los heridos permanecía ingresada en Toledo, mientras familiares esperaban en el hospital universitario, donde se habilitó un espacio para quienes buscaban noticias de sus allegados.





