RJ Scaringe ve en la conducción autónoma una vía para repensar por completo los vehículos de uso personal. La empresa, sin embargo, aún tiene camino por recorrer antes de llegar al manejo sin…
Rivian está acelerando su apuesta por el software de conducción autónoma para sus vehículos eléctricos, al punto de asumir que ese camino puede retrasar su rentabilidad. Su fundador y director ejecutivo, RJ Scaringe, dijo que esa tecnología abriría la puerta a vehículos muy distintos de las camionetas y SUV de aire aventurero que hoy fabrica la compañía.
La autonomía como punto de quiebre para el diseño
Scaringe explicó que el verdadero cambio llegaría cuando el desarrollo avance más allá de los modelos R2 y R3 y permita imaginar vehículos pensados para ser propiedad de una sola persona y operar de forma autónoma. Según su planteamiento, eso ampliaría las posibilidades de diseño y podría generar experiencias “dramáticamente diferentes”.
El ejecutivo también sostuvo que está entusiasmado con lo que los próximos 10 años podrían traer para el transporte, precisamente por las opciones que habilita esa tecnología.
La idea no es nueva. Hace una década, fabricantes, desarrolladores de vehículos autónomos y otras compañías prometieron que la combinación de autonomía y motores eléctricos, más simples y compactos que los de gasolina, desencadenaría una oleada de formatos inéditos. En ese momento circularon conceptos como un diseño tipo cápsula de aspecto envolvente, una berlina larga cargada de tecnología y una propuesta de “habitaciones sobre ruedas”. Hyundai incluso mostró un auto con piernas.
Entre los anuncios y la realidad industrial
Esa revolución de diseño, sin embargo, no salió de la fase de conceptos y prototipos. La autonomía tardó más de lo previsto en madurar y las automotrices, nuevas y tradicionales, chocaron con las exigencias de fabricar y vender una categoría totalmente nueva.
La diferencia hoy, según Scaringe, es que ya existen robotaxis circulando en varias ciudades del mundo y que el software detrás de ellos ha avanzado hasta un nivel que permite operar en calles públicas a gran escala, aunque todavía con retos para convivir con autos, bicicletas, peatones y vehículos de emergencia. A eso se suma que los componentes de motores y baterías eléctricos han bajado de precio y que la fabricación a escala ha mejorado.
Rivian todavía enfrenta una ruta larga antes de llegar a vehículos sin conductor. La empresa está en las primeras etapas de la expansión de producción de la SUV R2, un paso que necesita consolidar para revertir años de pérdidas. En paralelo, su sistema de asistencia permite soltar el volante sin dejar de vigilar la vía, y la compañía ha prometido que antes de que termine este año ese software podrá conducir de un punto a otro sin intervención, aunque aún bajo supervisión del conductor.
Además, trabaja hacia una autonomía plena que prevé llevar a versiones robotaxi de su SUV R2, disponibles en la aplicación de transporte de Uber. Aun así, Scaringe insistió en que, si llega a cumplir ese objetivo, la mayor parte de los trayectos seguirán ocurriendo en vehículos de propiedad personal. Citó que el 95% de los kilómetros recorridos en Estados Unidos corresponde a vehículos que pertenecen a particulares o a hogares, y estimó que esa proporción solo bajaría parcialmente, incluso con capacidades de nivel 4.
En ese escenario, Rivian ya piensa más allá de la R3. Scaringe dijo que el modelo siguiente se llamará R4, aunque todavía no ha mostrado cómo será. “Va a ser genial”, afirmó.
Contenido redactado con asistencia de un LLM.