La victoria presidencial de Abelardo de la Espriella en Colombia abre una nueva etapa en la relación con Estados Unidos, en medio del respaldo que le dio el gobierno de Donald Trump y de las tensiones acumuladas con Gustavo Petro.
Apoyo desde Washington
La administración de Trump siguió de cerca la campaña del dirigente colombiano, a quien respaldó abiertamente. Uno de los primeros en felicitarlo tras su triunfo del domingo 21 de junio fue el secretario de Estado, Marco Rubio, quien aseguró en X que el gobierno estadounidense quiere trabajar estrechamente con la próxima administración colombiana para avanzar en cooperación de seguridad regional, frenar la migración ilegal hacia EE. UU. y endurecer los lazos económicos.
De la Espriella, que tiene nacionalidad estadounidense, ha expresado su interés en mantener una relación cercana con Trump, a quien dice admirar. Además, ha planteado una línea de mano dura contra el crimen que coincide con la visión del mandatario estadounidense.
Una relación marcada por choques recientes

Durante los cuatro años de gobierno de Gustavo Petro, la relación entre Washington y Bogotá atravesó momentos de tensión. Con la llegada de Trump a la Casa Blanca en enero de 2025, se produjeron crisis diplomáticas y desacuerdos en materia de seguridad, política de drogas y migración.
Las diferencias comenzaron a moderarse después de una visita de Petro a Washington en febrero de este año, aunque la desconfianza entre ambos gobiernos se mantuvo. En ese contexto, la llegada de De la Espriella plantea un giro importante en la alianza entre ambos países, que sigue siendo la más relevante para Colombia, pese a haber perdido fuerza en los últimos años.
Seguridad, migración y combate al narcotráfico
Analistas consideran que el triunfo del presidente electo encaja con las prioridades de Estados Unidos en el hemisferio occidental, centradas en la lucha contra el narcotráfico, la persecución de organizaciones criminales y el control migratorio. Sergio Guzmán, director de Colombia Risk Analysis, afirmó que el resultado “se siente como una victoria propia para Trump”.
De la Espriella ha anunciado que impulsará bombardeos contra campamentos “narcoterroristas” y cargamentos de droga en Colombia, el principal productor y exportador de cocaína del mundo. Su discurso se alinea con la estrategia militar estadounidense, que desde septiembre de 2025 ha atacado decenas de presuntas narcoembarcaciones y ha realizado operaciones conjuntas con Venezuela y Ecuador contra la delincuencia organizada.
Elizabeth Dickinson, del centro de análisis International Crisis Group, sostuvo que el principal reto para el próximo mandatario será armonizar las prioridades de su gobierno con la agenda de Washington, sin descuidar la protección de la población civil en medio de la división política y el conflicto interno.

El país que recibe el nuevo gobierno
Según el preconteo, casi 13 millones de colombianos votaron por De la Espriella, mientras que 12,7 millones apoyaron a su rival, Iván Cepeda. Con un resultado tan ajustado, se anticipa resistencia frente a parte de sus políticas, aunque en su discurso de celebración se mostró más conciliador y prometió gobernar “para todos los colombianos”.
El nuevo presidente llega a un país donde la estrategia de “paz total” de Petro no logró frenar la expansión de los grupos armados, un fenómeno que se viene acelerando desde 2018, dos años después del acuerdo de desmovilización con las Farc. Colombia presenta hoy la segunda tasa de homicidios más alta de la región, detrás de Ecuador, y un récord histórico de cultivos de hojas de coca, aunque ambos indicadores han reducido su ritmo de crecimiento en los últimos años.
De la Espriella propone abandonar la vía de las conversaciones con los actores armados, aumentar el gasto militar y retomar un enfoque confrontativo. También ha mencionado la posibilidad de revivir un “Plan Colombia 2.0” y llevar inversiones a las regiones más golpeadas por la violencia y la criminalidad.
Los desafíos de una agenda de mano dura
Distintos gobiernos en Colombia han alternado entre políticas de mano dura y de negociación para intentar cerrar el conflicto armado, sin resultados absolutos. Hay consenso entre varios analistas en que el Plan Colombia y la estrategia de Seguridad Democrática del expresidente Álvaro Uribe debilitaron militarmente a las Farc y ayudaron a abrir paso al proceso de paz impulsado luego por Juan Manuel Santos.

Sin embargo, persisten problemas como la desigualdad, la expansión de economías ilícitas y la limitada presencia estatal en zonas remotas. Ese escenario ha favorecido la proliferación del crimen, nuevos grupos armados y rentas ilegales como el narcotráfico y la minería.
Las iniciativas de confrontación también han sido cuestionadas por su costo humanitario, debido a que se les atribuye haber fortalecido a grupos paramilitares involucrados en masacres contra la población civil.
Expectativas y límites de la relación con EE. UU.
Para los analistas, una mayor sintonía entre Bogotá y Washington podría facilitar la cooperación regional, pero también supone riesgos si la agenda estadounidense termina imponiéndose sobre los intereses locales de las poblaciones más afectadas por la violencia.
Guzmán advierte además que Colombia podría no recibir la misma asistencia que en etapas anteriores. Según su lectura, existe la expectativa de que Estados Unidos retorne parte de la ayuda militar y social que el país recibió antes, aunque considera difícil que eso ocurra por el perfil de Trump. Colombia fue, además, uno de los países más afectados por los recortes de USAID, la agencia de cooperación estadounidense.
En la nueva etapa que se abre entre ambos gobiernos, la seguridad, la migración y el combate al narcotráfico volverán a ocupar un lugar central en la agenda bilateral.
