El mandatario brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, y el senador Flávio Bolsonaro disputarán la Presidencia de Brasil en una segunda vuelta electoral el próximo 25 de octubre, según los resultados oficiales de los comicios celebrados este domingo, con el 98,36% del censo escrutado.
Una primera vuelta muy cerrada
Flávio Bolsonaro obtuvo el 47,31% de los votos y Lula el 44,83%, por lo que quedaron como los dos aspirantes más votados en una primera ronda sin opciones para los otros diez candidatos, de acuerdo con los datos del Tribunal Superior Electoral (TSE).
El hijo mayor de Jair Bolsonaro estuvo desde el inicio del recuento por delante de Lula y llegó a sumar este domingo más de 55,5 millones de papeletas con su nombre, unos tres millones más que el mandatario y alrededor de dos millones más que su padre en la primera vuelta de 2022.
Flávio rozó incluso la victoria en la primera vuelta, pero perdió fuelle a medida que entraron los votos de la región noreste del país, bastión político de la izquierda brasileña.
Lula y Flávio llegan con mensajes opuestos
Antes de conocerse el escrutinio, fuentes de la campaña de Lula habían comentado que el antiguo tornero mecánico necesitaba al menos cuatro puntos de ventaja para ir con cierta tranquilidad a la segunda vuelta, lo que no se ha cumplido.
Lula busca un cuarto mandato no consecutivo a sus 80 años de edad y ha basado su campaña en el legado de su actual gestión, con un crecimiento económico de más del 2%, el desempleo en mínimos y un aumento importante de la masa salarial.
En los últimos días de campaña anunció medidas de calado, como un aumento del 15% del valor del principal programa de ayuda social del Gobierno y la prohibición de las apuestas deportivas y los casinos en línea.
Flávio fue elegido candidato a dedo por su padre, quien se encuentra en prisión domiciliaria tras ser condenado a 27 años de cárcel por liderar una trama golpista tras perder las elecciones de 2022 frente a Lula, según dictó la Corte Suprema.
El aspirante del PL ha prometido mano dura contra el crimen organizado y un “tijeretazo” en el gasto público y los impuestos.




