La relación de Venezuela con China y Rusia atravesó un deterioro progresivo en los últimos años, según un reporte que atribuye ese cambio a la caída de la producción petrolera de Pdvsa, al incumplimiento de pagos de préstamos y al fracaso financiero de varios proyectos conjuntos en sectores estratégicos.
Menor flujo de fondos y proyectos frenados
El documento señala que desde 2017 dejaron de fluir fondos estatales desde China y Rusia, mientras las comisiones de alto nivel con ambos países entraban en una etapa de enfriamiento. Aun así, la cooperación no desapareció por completo: las sanciones financieras y petroleras, la pandemia de Covid-19 y la privatización encubierta de activos en áreas clave reconfiguraron los vínculos y abrieron otras vías de colaboración entre autoridades de los tres países.
Entre los sectores mencionados figuran empresas mixtas petroleras y agrícolas, además de negocios de armamento y camiones con Rusia, así como proyectos de equipos telefónicos, electrodomésticos y autobuses con China. El informe sostiene que estos esquemas no lograron sostener el impulso que habían tenido en años previos y que el escenario cambió a medida que se agravaron las limitaciones financieras y operativas en Venezuela.
Un quiebre marcado en 2026
El texto afirma que los hechos del 3 de enero de 2026 marcaron un antes y un después en las relaciones con China y Rusia. En ese contexto, el comercio de crudo y el estatus de empresas petroleras de ambos países en Venezuela pasaron a estar bajo especial atención, sobre todo después del anuncio de un convenio entre Washington y Caracas que otorga la concesión de 17 campos petroleros y que presuntamente incluye yacimientos asociados a operadoras chinas y rusas.




