La transición hacia modelos energéticos más sostenibles no depende solo de la incorporación de nuevas tecnologías o del uso de fuentes renovables. También exige una gestión responsable del territorio y de los recursos naturales, con especial atención a la conservación de los ecosistemas que hacen posible esa transformación.

Con frecuencia, la transición energética se asocia únicamente con innovación tecnológica. Sin embargo, avanzar hacia un modelo sostenible implica mirar más allá de ese enfoque y reconocer el papel de la naturaleza en la disponibilidad de recursos esenciales, como el agua, que sostienen el funcionamiento de los sistemas energéticos.

En ese sentido, conservar también forma parte de generar energía. Proteger los ecosistemas es una condición necesaria para que la transición energética pueda desarrollarse de manera sostenible y con una base territorial y ambiental más sólida.