La evolución de la deuda pública de los países y de los mercados financieros donde se compra y vende puede entenderse, en gran medida, a partir del encarecimiento del material militar empleado en la guerra. El aumento del gasto para reponer armamento y sostener las operaciones ha elevado la factura hasta niveles que ponen a prueba las cuentas públicas.

El precio de reponer armamento se disparó

Cada misil Tomahawk está valorado en unos dos millones de dólares en inventario, pero sustituirlo cuesta ahora entre tres y 3,5 millones. En el caso de los Patriot, el precio de reposición se ubica entre cuatro y cinco millones de dólares. Estas cifras reflejan cómo el costo del equipamiento militar ha subido con fuerza y cómo ese incremento termina impactando sobre el gasto total.

Un gasto diario de 2.000 millones de dólares

De acuerdo con los cálculos de Linda Bilmes, de la Harvard Kennedy School, cada día de guerra ha supuesto un costo directo de 2.000 millones de dólares. La especialista estima además que el desembolso final alcanzará al menos un billón de dólares, una magnitud que ayuda a dimensionar la presión que este tipo de conflicto ejerce sobre la deuda pública y sobre la estabilidad de los mercados financieros.

El peso de estas cifras muestra que el financiamiento de la guerra no solo se traduce en mayores erogaciones inmediatas, sino también en un desafío de largo alcance para los países que deben sostenerlas.