La escasez de trabajadores y el envejecimiento de la población están empujando a las empresas japonesas a revisar sus políticas laborales. Entre las medidas que ganan terreno figura una decisión que no se veía con fuerza desde hace dos décadas: pagar lo mismo a mujeres y hombres por el mismo trabajo, en un intento por retener talento y ampliar la fuerza laboral disponible.
Una brecha salarial que sigue abierta
En Japón, las mujeres han cobrado durante años menos que los hombres por tareas equivalentes. De acuerdo con datos del Ministerio de Salud, Trabajo y Bienestar Social, en 2024 el salario femenino representó en promedio el 75,8% del masculino. En prefecturas como Tochigi, la diferencia es todavía mayor, con ingresos que rondan apenas el 70% del salario de los hombres. En contraste, la brecha salarial media en los países de la OCDE se sitúa en torno al 11%, mientras que en Japón el diferencial llegó al 22% en 2023, frente al 21,3% registrado previamente, según la referencia de la OCDE sobre la igualdad salarial.
Empresas que empiezan a cambiar sus estructuras
La presión por encontrar personal ha llevado a varias compañías a reconsiderar categorías laborales que durante años estuvieron ocupadas mayoritariamente por mujeres y en las que se pagaba entre el 39% y el 50% de un salario masculino. Entre las firmas que han dado pasos en esa dirección figuran Nippon Life Insurance y MUFG, en un contexto en el que las empresas buscan atraer y retener a trabajadoras calificadas para sostener su actividad.
El peso del problema demográfico
La raíz de este giro está en una crisis laboral cada vez más profunda. Un estudio del Instituto Recruit Works estima que Japón podría enfrentar una escasez de 11 millones de trabajadores en 2040. Las previsiones apuntan a que la oferta laboral pasará de 65,87 millones de personas en 2022 a 57,67 millones en 2040, lo que vuelve indispensable aprovechar el potencial femenino para mantener la productividad y el crecimiento económico.
