Está pensado para dos equipos de 5 jugadores que hagan actividad recreativa con distanciamiento sin posibilidad de tocarse, sin posibilidad de trabar o de empujarse, porque el límite lo ponen los mismos rectángulos que ocupa cada equipo.
El coronavirus enfermó a miles y arrasó con la economía, pero lo que más les dolió a muchos argentinos fue no poder ver o jugar fútbol, que en el país sudamericano es tan importante como el asado o los amigos.
Agobiado tras meses sin fútbol por el aislamiento social, un grupo de amigos de Pergamino, una ciudad situada en el corazón agrícola de Argentina, ideó una forma de jugarlo en canchas reducidas sin descuidar la salud.
Con zonas demarcadas sobre el césped sintético para cada jugador, nadie puede violar la distancia social respecto de compañeros y rivales. Los tapabocas ayudan a evitar contagios mientras los jugadores recuperan parte de su antigua libertad.
“Esto está pensado para dos equipos de cinco jugadores que hagan actividad recreativa con distanciamiento sin posibilidad de tocarse, sin posibilidad de trabar o de empujarse, porque el límite lo ponen los mismos rectángulos que ocupa cada equipo”, dijo a Reuters Gustavo Cuiffo, creador del proyecto.