Su talento es tan indiscutible como sus tiros de tres puntos, y gracias a la mirada analítica de los entrenadores, el zuliano Jesús Antonio Armas Quintero tiene una carrera garantizada en el baloncesto. Una beca por su desempeño en el tabloncillo lo llevó a Estados Unidos en septiembre de 2013. Tras tolerar abusos y soledades por su condición de latino, el joven de 19 años recibió el más grande de sus premios: el apoyo de Greivis Vásquez.
A los ocho años comenzó a rebotar el balón e ingresó a la selección minibásquet del Zulia. Pero la dificultad de trasladarse desde su hogar, en la avenida Bella Vista, hasta la escuela San Javier, en la Circunvalación 2, no le permitieron continuar con las prácticas. Jesús no suspendió sus lanzamientos y se unió a las instrucciones del asistente de Gaiteros, Juan Carlos Soto, su profesor de “toda la vida”.
Los entrenamientos con Soto le aprobaron su asistencia a un campamento de básquet, donde en presencia del técnico norteamericano Jim Champagne, destacó como uno de los tres mejores jugadores y ganó la beca que meses más tarde, al reunir sus documentos, se materializó con un viaje a Atlanta. Su primera camiseta llevó el nombre de la Green Forest Academy.
“En el primer año quedamos campeones de estado, fuimos vistos por muchas universidades. En el segundo llegamos a la final pero la perdimos por un punto y el entrenador pasó a otro equipo. Luego regresé a Maracaibo por las vacaciones y me ofrecieron venirme a la Greater Miami Academy que es donde me gradué y tuve la mejor temporada, siendo MVP (Jugador Más Valioso) de mi equipo. Ahora estoy en la Florida National University, estudiando Negocios Internacionales, y donde jugaré a partir de noviembre. El próximo año espero poder entrar a la división uno de la NCAA (Asociación Nacional Atlética Colegial) en la Florida State University”, relató vía Skype a PANORAMA.
Con 1,85 metros de altura, Jesús Armas se destaca en la posición de piloto. Su “dribling” es una de las facultades a la que mayor tiempo dedica por ser la más elogiada. “Me gusta ser el líder, es como mejor desarrollo y no temo tomar decisiones dentro de la cancha. Me encanta que me den el último tiro, en los momentos pequeños del juego siempre soy bueno”, expresó con seguridad.
“La defensiva me costaba, es lo que más me criticaban, pero he mejorado. Ya robo casi cinco pelotas por juego”, afirmó el marabino, quien actualmente reside junto a un pariente en Miami. “Empecé viviendo con la familia de un amigo de Maracaibo, estuve con ellos por ocho meses, y ahora con un tío mientras está aquí. De resto la vida en Estados Unidos es moviéndose pa’ todos lados, donde tenga que estar. Lo demás es la Universidad, allí es donde como, me dan ropa y zapatos. Aquí no hay mucho tiempo para andar saliendo”.
El estilo de vida de Jesús mejoró al mudarse a Miami, no sin antes afrontar su capítulo más complicado: Atlanta. “Allá el entrenador le tenía rabia a los latinos. Nos llevaba a almorzar y pagaba la comida de todos menos la mía. No tenía amigos. El ‘gringo’ no es la persona con la que estableces amistad fácilmente, es tu amigo en la cancha y ya. Aquí te la pasas con latinos o solo”. La misma situación la vivió en los partidos de básquet. “En un juego lanzaba un triple y si lo fallaba me peleaban, al ‘gringo’ no le dicen nada”.
“Durante mi estadía en Atlanta pasé por muchas necesidades, vivía en una casa con tres venezolanos y cuatro africanos. El entrenador dejaba la comida y se iba. Tenía que agarrar mi bolsa rápido porque si no me la quitaban, no podía dejar nada en la cocina porque se lo comían. Las maletas las tenía con candado”, contó.
“Un día llegué a mi casa y la cama no estaba, se lo comuniqué al técnico, me llevó un colchón inflable, y no había bomba para llenarlo. Dejaba todo escondido porque me robaban las cosas, resolvía guardándolas en un peluche grande al que le hice un hueco en la espalda, ahí metía pasta, arroz, de todo. A veces estaba durmiendo y tenía en el cuarto a la señora que nos cuidaba tratando de llevarse mi dinero. Llegué a despertar de madrugada con mujeres en mi habitación buscando sexo. Los fines de semana hacían fiestas y no podía protestar, si lo hacía me tenía que ir”, narró con rabia.
“En la escuela (Green Forest Academy) me daban una comida que parecía vómito. Lo más bueno que me dieron fue nuggets y arroz. A todos les ponían diez y a mí un plato lleno de arroz y tres nuggets”, recordó dejando escapar una sonrisa irónica. Jesús encontró apoyo económico de algunos profesores. “En ocasiones me regalaban 20 dólares o me llevaban almuerzo. Algunos me pagaban por limpiarles la casa”.
A pesar de los inhumanos padecimientos en Atlanta, Jesús destacó la fortuna de conocer a Greivis Vásquez, único venezolano que actualmente ve acción en la NBA. “Fui a un campamento en Alabama y casualmente estaba uno de sus entrenadores personales. Cuando supo que yo era venezolano lo llamó”, dijo emocionado. “Greivis llegó a Atlanta como a las tres semanas y me mandó a buscar con su gente, fue imposible que me trataran mejor. Me invitó al hotel y me enseñó la guía de un jugador de NBA, me demostró que no es fácil (…) Todos piensan que se trata de lujos”.
En la mente de Jesús están escritos con tinta indeleble los consejos del piloto de los Milwaukee Bucks. “Siempre dice que me prepare duro y que si quiero demostrar algo me olvide que el entrenador está. Son palabras que se toman con importancia porque las dice alguien que vivió lo que yo estoy pasando. Él ha tratado de llevarme paso a paso, no quiere que me sienta blindado, me hace trabajar más duro de lo que entrena él. Dice que debo mejorar la velocidad y el físico porque lo chequean en la división uno. Nunca me ha hablado de NBA, pero sí me instruye, al momento de la hora imagino que me ayudará”.
Durante la temporada 2014-2015, con las Green Forest Eagles, el zuliano logró un promedio de 15 puntos por juego, con 7 asistencias y 5 robos, siendo MVP de su equipo. En uno de los compromisos culminó con 19 unidades, recibiendo las felicitaciones de la institución.
“Felicidades a Jesús Armas por dirigir el equipo en desviaciones y puntos con 19. Su liderazgo de alto nivel y la intensidad hicieron la diferencia, predicando con el ejemplo”.
La oportunidad de establecer amistad con Greivis Vásquez lo llevó a su actividad más valiosa: entrenar con Stan Remy, el preparador físico más solicitado de Estados Unidos. “Es una experiencia única, son prácticas al más alto nivel. Con él he mejorado mi ‘dribling’, no puedes descansar ni tomar agua, es la mejor ayuda que he tenido. Imagínate estar allí y que a tu lado pase Dwayne Wade, que te dé la mano”, comentó con sorpresa. “Vienen a buscarlo (a Stan) no solo jugadores de aquí, sino de otros países. El tipo está todo el día en una cancha”.
Jesús Armas aún no pierde el sueño por ser un integrante de la NBA, pero sí trata de marcar el camino. Para lograrlo, su apuesta es el entrenador puertorriqueño Flor Meléndez. “Me está ayudando a formar parte de la división uno de la Ncaa. Tiene mis datos y está contactando al técnico de la Florida State University. Si logro entrar, prácticamente aseguro mi título en el básquet. Al estar ahí llegan propuestas de Europa o puedo optar al ‘Draft’ de Norteamérica. A muchos les da miedo, pero con asistir no se pierde nada. Hay miles de maneras de entrar a la NBA sin pasar por esa etapa”.
El aficionado al Miami Heat y a los Golden State Warriors no pasa por alto el apoyo de sus padres, su hermano Leonardo, su primo Diego y el fiel consejero antes de dormir: su tío Willy. “Gracias a mi familia he soportado todo. Mamá me extraña mucho, a ella le ha tocado muy duro porque soy el menor de cuatro hermanos. Siempre tengo la costumbre de enviarles un mensaje temprano, les pido la bendición y aviso que ya desperté. Un día feriado no escribí, mamá llamó a todo el mundo, hasta se imaginó que hubo un huracán. Dios me pone cosas en el camino que ni siquiera sé si las merezco, pero a pesar de todo nunca me he rendido. Si yo lo he logrado muchos lo pueden hacer. En Venezuela conozco a 10 mil jugadores que estoy seguro harían un trabajo igual o mejor que el mío”.
Posted by on Jueves, 29 de enero de 2015