Brasil arranca su camino mundialista con una apuesta poco habitual en su historia reciente: la esperanza de terminar con 24 años sin títulos descansa en…
Brasil arranca su camino mundialista con una apuesta poco habitual en su historia reciente: la esperanza de terminar con 24 años sin títulos descansa en Carlo Ancelotti, un técnico italiano de 66 años que asumió el mando de la selección el año pasado tras dejar el Real Madrid.
El entrenador llega con un balance irregular de cinco victorias, tres derrotas y dos empates, pero en Brasil persiste el optimismo de que puede ordenar a un plantel que luce menos cargado de estrellas que otras generaciones, aun con nombres de alto perfil como Neymar y Vinicius Jr.
Ancelotti, el centro del proyecto
La presencia de un entrenador extranjero al frente de la selección sigue siendo una rareza en el fútbol brasileño, pero la confederación apostó por un técnico con amplio recorrido y títulos en la élite europea para intentar devolver a la Canarinha a la cima.
Brasil comenzó su participación en el torneo en el estadio MetLife, en Nueva Jersey, frente a Marruecos, semifinalista del Mundial de 2022. Haití y Escocia completan el Grupo C.
En el entorno brasileño se da por hecho que la selección superará la fase de grupos. Con el formato ampliado de 32 a 48 equipos, quedar fuera en esa etapa sería considerado un golpe fuerte. La incógnita está en lo que pueda ocurrir después, cuando aparezcan rivales de mayor jerarquía en la eliminación directa.
Ancelotti sostiene que el plantel tiene condiciones para competir con los mejores del mundo y que el objetivo no es solo llegar a la final, sino ganarla. Ese discurso ha alimentado la confianza interna en un equipo que busca recuperar protagonismo internacional.
Neymar vuelve a estar en el foco
Una de las grandes dudas para el seleccionador pasa por Neymar, de 34 años. El atacante fue la figura principal de Brasil hasta su salida en 2023 rumbo al fútbol saudí, donde casi no pudo jugar por una serie de lesiones de rodilla. El año pasado regresó a Santos, el club de sus amores, pero allí también volvió a sufrir problemas físicos.
Pese a las dudas sobre su estado atlético, Ancelotti lo incluyó en la convocatoria y lo describió como un jugador importante para la selección. Raphinha, extremo del Barcelona, también lo considera una pieza clave y llegó a señalarlo como el hombre que puede llevar a Brasil a su sexto título mundial.
Un estilo más ordenado
Si Brasil logra conquistar el trofeo, lo haría con una propuesta más estructurada que la tradicional imagen de juego libre y fluido que tantas veces lo distinguió. Con su reputación de estratega, Ancelotti ha llevado al equipo a sentirse cómodo replegado, esperando el momento para atacar, en lugar de monopolizar la posesión.
El entrenador suele alternar entre un 4-4-2 compacto y una versión que puede mutar con rapidez a un 4-2-4 más ofensivo. Ese ajuste táctico ha cambiado la fisonomía de la selección y forma parte de la nueva identidad que intenta construir.
Brasil, entre la expectativa y la presión
La confianza alrededor de Ancelotti convive con un contexto exigente. Brasil terminó quinto en las eliminatorias sudamericanas, detrás de Argentina, Ecuador, Colombia y Uruguay. Bajo su mando, la selección ganó dos partidos clasificatorios, empató uno y perdió otro.
En amistosos recientes, venció a Croacia, que lo había eliminado en los cuartos de final del Mundial de 2022 por penales, y después cayó ante Francia, subcampeona en esa edición.
El proyecto también nace después de un período turbulento. Brasil tuvo dificultades en la clasificación al Mundial de 2026, sufrió dos derrotas ante Argentina y fue eliminado por Uruguay en los cuartos de final de la Copa América de 2024.
Antes de la llegada de Ancelotti pasaron tres técnicos: los interinos Ramon Menezes y Fernando Diniz, además del entrenador permanente Dorival Júnior, todos apartados por los resultados y la presión de los aficionados. La confederación brasileña respalda la decisión al punto de haber extendido el contrato del italiano hasta el Mundial de 2030.
Brasil busca así recuperar el lugar que no ocupa desde 2002, una sequía prolongada para una selección cinco veces campeona del mundo y cuna de figuras como Ronaldo, Ronaldinho y Pelé. Desde entonces, solo alcanzó una vez los cuartos de final, en 2014, cuando fue anfitriona y terminó humillada con un 7-1 ante Alemania, luego campeona.
La situación se ha visto además marcada por el éxito reciente de Argentina, vigente campeona del Mundial y ganadora de dos Copas América consecutivas, un factor que ha aumentado la presión sobre la Canarinha en su búsqueda de una nueva consagración.