La directiva de los Boston Celtics apostó por un giro drástico en la plantilla para la nueva campaña de la NBA y quedó muy confiada con el potencial del grupo tras concretar dos movimientos de peso: la salida de Jaylen Brown en un traspaso directo por Paul George y la incorporación de Mitchell Robinson.
George asume el peso del nuevo proyecto
El movimiento que envió a Jaylen Brown, una de las figuras centrales de los éxitos recientes del equipo, a cambio de Paul George fue descrito como una apuesta de alto nivel por parte de la gerencia de Boston. En las oficinas del club consideran que George aporta anotación, tiro exterior y defensa perimetral, además de experiencia en momentos decisivos y versatilidad técnica para encajar en el esquema de Joe Mazzulla.
Robinson llega para blindar la pintura
La llegada de Mitchell Robinson responde a la necesidad de reforzar el juego interior y asegurar solidez en el rebote. Su capacidad para proteger la zona restringida, alterar tiros y dominar el tablero ofensivo completa una rotación interior que, según la organización, permitirá sostener una defensa intensa durante los cuarenta y ocho minutos.
Boston mantiene la mira en el Este
Fuentes cercanas a la organización afirman que el cuerpo técnico y la directiva comparten una profunda convicción sobre el impacto inmediato de estas incorporaciones. La gerencia sostiene que el equipo conserva buenas posibilidades de ganar la Conferencia Este y de pelear por el campeonato de la NBA, respaldada por la química observada en los entrenamientos y el entendimiento táctico mostrado en las primeras sesiones.
Con un perímetro renovado y una zona pintada reestructurada, Boston encara el arranque de la competición con la ambición intacta y con la idea de que el talento de George y el impacto defensivo de Robinson lo mantendrán entre los rivales más duros del circuito.




